sábado, 9 de octubre de 2010

Pop-fiction (8): I will not go



I will not go.

Prefer a Feast of Friends.

Jim Morrison.



Pamela no era capaz de ofrecer una explicación coherente, el relato de un recuerdo: sólo pequeños fragmentos, detalles, un esbozo lleno de tachones. Pero ellos seguían insistiendo como si en su tediosa tarea de juntar pequeñas piezas que no encajan con las demás,como si coleccionando cada vez más piezas, un fragmento nuevo, brillante y distinto después de cada pregunta, pudieran reconstruir un puzzle del que no conocían la imagen final. Y la respuesta final no se parecerá a la verdad pero ¿qué importa? Si las puertas de la percepción fueran depuradas...


De la respuesta que esperan sólo aparece la bruma de una noche extraña y un cuerpo recién afeitado, inmóvil, en una bañera. ¿Qué había ocurrido? ¿Cómo? Establecer una secuencia de acontecimientos, un relato, cualquier cosa que se lleve bien con las palabras entonces o luego o después de aquello. Pero para Pamela todo eso era excesivamente fatigoso, inalcanzable. Ella llevaba años sin saber exactamente lo que sucedía. En ningún momento. Las mezclas de heroína, peyote y cocaína lograban que todo pareciera el mismo momento o cada vez uno distinto o ninguno en absoluto. Cualquier sueño ahora sería bienvenido, cualquier sueño sería más coherente que todo lo demás.


Pero ahora, esta semana, ayer y mañana, en el 17 de la Rue Beautreillis, dormir resulta demasiado caro y soñar ya es imposible.


Ahora, que en realidad es ya siempre después, el primer minuto, la primera hora después del acontecimiento sobre el que todo parecía girar, ahora estaba ahí ese doctor y la gente, siempre hay demasiada gente, la gente recopilando cada vez más detalles: la muerte necesita testigos, notarios fieles. La muerte son certificados, atestados, testamentos, frases hechas, tópicos para duelos, plañideras. No basta la muerte íntima, carecería de sentido. La muerte es una criatura exhibicionista que se quiere hacer notar. Necesita espectadores.


La gente, todos ellos, ¿quiénes eran algunos de ellos?¿quién los había llamado? Ella no recordaba haber llamado a nadie. Parecían comportarse como en esas películas antiguas en las que la corte del rey que agoniza espera el momento exacto, el desenlace, el final de la obra que todos necesitan para que todo vuelta a empezar. Que el rey muera para que surja un nuevo rey. Y mientras tanto quizá podamos sacar algo de todo esto. Jim ha muerto, viva el rey. Todo sigue en esa infinita cinta de Möebius atestada de gente muriendo y naciendo y contemplando a los demás. Pero el momento, el espectáculo, ya ha pasado y ya no hay nada por lo que esperar. Ahora es el tiempo de creer que lo que ha ocurrido es real. La muerte es una certeza, nuestra Gran Verdad. Aunque el proceso cambia, cada vez. Ellos quieren saber: el proceso es muy importante, de algún modo, para toda esta gente. Debe completarse una narración adecuada, aunque los detalles se les desmoronan como madera carcomida entre sus manos húmedas. Es tiempo para comenzar la Nueva Fe, ellos necesitan otra dosis para los creyentes. La gente cree o no cree y la gente no lo iba a creer tan fácilmente. Esto no. No otra historia como las demás. ¿Qué vamos a inventar?


A Pamela la interrogaban, insistentes, querían todo eso que ella no podía recordar ¿Dónde se había ido todo aquello? Se supone que ella había estado allí, dondequiera que fuera, todo el tiempo, desde la tarde anterior o todo la noche, tal vez varios días de juerga, acompañando a Jim. Pero algo, en algún momento, se había perdido en un lugar vagamente violeta de su cerebro. Con esfuerzo parecía que llegaban algunas visiones, escenas, flashes de luces del club nocturno, ecos con la melodía de The End. Pero quizá no fue en el club nocturno, quizá fue en casa, entre todos aquellos vinilos oscuros siempre por el suelo, Jim pedía uno nuevo a la tienda cada vez que alguno se estropeaba con un golpe, una aguja en mal estado o si la raya de cocaína acababa anegando los invisibles microsurcos por donde su antigua voz del joven que aún era se arrastraba. La luces parpadeantes, las luces que Pamela entresacaba de su recuerdo imposible para alimentar la necesidad de toda esa gente, los detalles que todos seguían pidiendo... también podían ser los flashes del fluorescente del baño, ese tubo que perdió la determinación de iluminar, ese tubo que iba a seguir siempre con esa aleatoria intermitencia. O el reflejo del parpadeo de las luces de neón del club al otro lado de la calle, colándose por la ventana. Ellos parecían impacientarse. Puede que los flashes existieran sólo en su cerebro, leves descargas de energía de las neuronas tratando de conectar adecuadamente entre alucinación y despegue, entre orgasmos y vómitos y nuevos despegues y aterrizajes y vuelta a empezar.


Jim había sangrado. Eso estaba claro. La visión de la sangre resiste el efecto de cualquier droga. El rojo brillante de la sangre oxigenada. El rojo de los semáforos, de las banderas, el rojo del cuero de los asientos de un descapotable también rojo ¿por qué no?, el rojo brillante del hilo que salía por la nariz de Jim y llegaba, lentamente hasta el agua de la bañera, donde se diluía como un río deshaciéndose en un barro rosado que envolvía su pecho. Del color del sol después de cabalgar sobre la tormenta.


No, no lo van a creer. Así no. No creerán otra historia más de estrella del rock arrasada por la fama y las drogas. Esa historia ya se ha contado, ya la hemos oído. Es como si otro tipo anduviera sobre las aguas, otra perrita enviada al espacio, Alejandro conquistando, de nuevo, Asia: eso ya no vale, ya lo contaron otros. No importa si sucedió o no, pero ya ha sido contado. Necesitamos más. Quizá él predijo su muerte. No hablamos de que la planeara: la predijo. Eso podría funcionar. O quizá la simuló, seguirá siempre por ahí, pequeñas apariciones, pistas más o menos inconexas. No, eso ya se ha intentado y al final te acaban pillando. Aunque de momento dejaremos las tarjetas del banco en paz, que algunas cosas sigan moviéndose.


La gente inventará todo tipo de cosas. Es inevitable. También Jim se ha pasado la vida inventando mil historias, emborrachándose de metáforas e invitando a todos a ese licor adictivo, intoxicando mentes demasiado vulnerables con frases complicadas, adjetivos inadecuados, palabras como balas directas a la frente, entre los ojos. Toneladas de sinsentido para que todos crean oír otro Evangelio, la penúltima revelación, la nueva y definitiva Inspiración. Ahora serán, en cambio, otros cuentos, otras mentiras, rumores que nadie sabe quién inventó, como un chiste sin ninguna gracia, leyendas que rellenarán poco a poco todos los huecos, los espacios, hasta los más estúpidos. Ahora la Nueva Iglesia de Jim inventará milagros y acumulará reliquias y viejas historias tan falsas como creíbles. ¿Por qué se había afeitado esa noche antes de meterse en la bañera? ¿Había visitado realmente el cementerio de Père Lachase unos días antes de morir? ¿Había escogido el lugar donde quería ser enterrado? ¿Qué música escuchaba antes de morirse? ¿Cuál fue la última sustancia? ¿Realmente tenía fobia a las agujas? ¿Un yonqui con fobia a las agujas?


El doctor Vasille, Jaques, Agnes... todos dicen que está muerto. Ésa es La Verdad ahora. Anoche o ayer o luego estás escribiendo algo, leyendo a Baudelaire en una voz tan atronadora como confusa y después, pero quizá ya o aún siempre, estás muerto. Su poesía descarta el suicidio. Aunque también su poesía descarta la autocomplacencia, la indulgencia o la hipocresía y todos siguen ahí, haciendo cola, esperando el turno para preguntar. Ahí están todos. La muerte los ha llamado. Ellos dicen que ha muerto, otra vez, necesitan decirlo muchas veces, como un salmo, un estribillo, para creerlo. Es el fin. Su único amigo. Su demonio. Un bello final. El final de la risa y las suaves mentiras, el final de las noches en las que intentábamos morir.


Morir es dejar de morirse y, al fin, cada cual es su propio demonio.

sábado, 2 de octubre de 2010

Pop-Fiction (7): ¿Gatitos o Iguanas?






- ¿James? ¿Eres tú?
- Sí tio, sí. Pero llámame Iggy, como los demás. Nunca se sabe, cualquiera podría estar escuchando.
- ¿Paranoia, Iggy? ¿Otra vez?
- No tio, nada de eso. Estoy limpio. No te lo vas a creer.

Cuando James, es decir, Iggy, perdón, utilizaba esas seis palabras es que algo realmente muy grave había sucedido o, lo que era todavía peor, estaba a punto de suceder. Estaba la vez del atraco al banco “con unos amigos que tienen acceso a una farlopa de primera, fantástica, no te lo vas a creer”, la amenaza de salto desde el edificio Chrysler porque “tío, no te lo vas a creer, Jenny dice que si ella y yo llegamos vivos al suelo nuestro amor será eterno” o aquélla vez de “no te lo vas a creer, estoy en una comisaría entre la 5ª y ¿Hampton?, espera, lo pregunto... sí... y dice este pollo vestido de azul que no estoy en condiciones de conducir... un camión de la basura... si no pasa de 30 millas la hora y el calvo que lo conducía nos lo ha dejado encantado ¡será capullo!”.

- Bueno, Iggy ¿qué pasa? ¿A qué peligro real o tal vez y afortunadamente sólo imaginario nos enfrentamos esta vez?
- Es horrible, tío... mi gata... Nancy
- ¿Nancy?
- Sí, tio, mi gata, se llama Nancy, ya sabes, por la novia de Sid... joder, Brian... hay que decírtelo todo.
- No seas así, Iggy. Por cierto, ya sabes que odio que me llames Brian... me llamo Marilyn, ¡Marylin! O, si prefieres, Mr Manson. Y lo mio es más el satanismo que el punk. Así que la primera Nancy que me viene a la cabeza es la hija de Sinatra.
- Y eso sí es demoniaco ¿eh Marylin?.
- No seas malo.


Siempre era igual con Iggy. Las cosas parecían trascendentales, oceánicas, inmanejables, hasta que se salía como si nada del asunto, alguna palabra hacía clic en su cerebro y se olvidaba incluso de cómo había empezado la conversación o de por qué te había llamado. Ahora Sinatra era lo que había hecho clic y se le había ido el hilo. Había que reconducir el tema o la llamada no acabaría nunca.

- ¿Qué le pasa a Nancy, Iggy? Dispara, no tengo todo el día. Hoy vienen de Rolling Stone y aún voy por la primera capa de maquillaje.
- Ha tenido gatitos, Marylin. Cuatro gatitos. Uno blanco, con el pelo como de algodón y tres atigrados, como ella... ¿Primera capa de maquillaje?
- Sí, a tí tampoco te vendría mal. ¿Y qué pasa con los gatos, Iggy?
- Ha tenido que ser Elvis, el hijoputa del gato persa del vecino.
- Elvis, siempre Elvis. ¿Cuándo nos libraremos de esa maldición? Por cierto ¿es que hay gatos persas en Florida? Aquí en California se mueren de calor. Yo creo que el siamés se adapta mejor, por lo del pelo más corto y...
- Joder, Marylin, esto es importante. Te estoy diciendo que he sido abuelo de cuatro gatitos...
- ¿Son todos machos?
- ¡Y yo qué se! ¡Coño! ¡Joder, Marylin!


Como otras veces, como en otras crisis, a mitad de cuestión, colgó. A su manera. A la manera de La Iguana de colgar. Esta vez no se oyó el golpe del móvil al estrellarse contra la pared o el suelo. Quién sabe. Quizá lo habría tirado a la piscina. Volvería a llamar. Por algún motivo Iggy confiaba en Marylin. Solía presumir de ser amigo suyo y de que era el único que había pronunciado alguna palabra sensata en aquella película de Michael Moore aunque, en el fondo, el argumento de aquella entrevista ya se lo había oído antes en una de tantas conversaciones de madrugada. El teléfono de Marylin volvió a sonar agitado por otra imperceptible señal que viajaba de nuevo de costa a costa.

- ¿Marylin? ¿Podemos hablar? Ya tengo otro teléfono.
- Claro Iggy, tío. Me decías que habías sido abuelo.
- Bueno, el caso es que, ya sabes, yo no puedo hacerme cargo de los gatitos. Se lo he dicho al joputa del vecino y él asegura que no tiene nada que ver.
- Bueno, es difícil controlar a un gato. Y más si se llama Elvis.
- Yo creo que el cabrón se reía cuando pasé a pedirle explicaciones.
- ¿El vecino?
- No, el gato. Creo que Elvis se reía de mi. Él sabía seguro que era el padre. Tiene esa mirada... como Garfield, ¿sabes?
- Ya.
- Bueno, el caso es que no sé cómo deshacerme de los gatitos...
- ¡Eh! ¡Ni se te ocurra! ¡Ni siquiera has llegado a pensarlo! Vivo muy lejos. No soportarían el viaje. Además, ¡soy alérgico!
- Tú eres satánico, no alérgico...
- Que sí tio, en serio. Yo no puedo. No puedo hacerme cargo.
- ¿Y qué quieres que haga? Los he intentado colocar a la gente del servicio, a mis guardaespaldas, a los demás de Stooges, incluso he llamado a Bill Wyman. También lo he intentado con la última furcia que contraté, que parecía muy sensible. Nada. ¡1900 dólares y nada! ¡No se llevó ni a uno, la tía puta!
- No sé... la gente...
- Sí, ya sé: la gente los mata. Sin piedad. Los mete en un saco y los tira al río. Los golpean y los tiran en un contenedor de basura. O los abandonan en el arcén de la interestatal para que los trailers los conviertan en sellos con la cara de un Elvis peludo.
- O los llevan al veterinario, Iggy. Se puede ser más civilizado.
- Sí, como el corredor de la muerte. Una inyección letal... Pero no puedo, tío, no puedo. Esto es más fuerte que yo.
- Joder Iggy. Has pasado por muchas cosas. Esto no va a acabar contigo.
- No, en serio. Imposible, Marylin. No puedo hacerlo. Yo no. He pensado que tú, que le das a los ritos satánicos y todo eso. Te pagaría el viaje hasta aquí... tú ¿podrías?
- Ni pensarlo. De ninguna manera. Lo mio es maquillaje, joder. No soy un asesino. ¿Quíen coño te crees que soy?
- No, Marylin, lo siento, en serio... no pretendía decir que...
- ¿Serás...? ¿Te crees que porque me pongo lentillas blancas o hablo en falsas lenguas muertas en el escenario me voy a cargar a tus gatitos, a los hijos de Nancy Sinatra?
- No es Nancy Sinatra, tío, es Nancy Spungen, la novia de Sid Vicious, ya te lo he dicho.
- Lo que sea, joder, Iggy, como se llame su madre... No pienso hacerlo.

Dos noches después Iggy tocaba en la gala inaugural de la Rock Hall of Fame. Cuando comenzaban los primeros acordes del “We are all gonna die”, la canción que había compuesto para el último disco de Slash, se acordó de los dos gatitos que quedaban en casa, al cuidado de Nancy. Echaría de menos a los otros dos gatos atigrados. Bueno, Nancy no parecía habérselo tomado mal. Pero no era posible quedarse con todos, ni matarlos a todos. Sí, we are all gonna die, así es. Una certeza incuestionable. Pero por lo menos dos de ellos seguían allí. Con él. Con Nancy. En el lugar al que pertenecían. Y Marylin cuidaría bien de los otros dos. Por supuesto, era un buen tío Marylin, detrás de todo ese maquillaje. Cómo se había enrrollao, el tío. El SMS que le envió decía que estaba encantado con ellas (finalmente eran gatitas) y que, como no podía distinguirlas, les había puesto Absenta y Heroína. Unas auténticas monadas, decía el bueno de Manson.

“Buena gente, Marylin y Rachel, la chica nueva. Satanistas, pero, después de todo, buena gente. Pero mañana mismo castro al cabrón de Elvis, con la cuerda de esta misma guitarra” , pensó Iggy mientras la multitid coreaba “¡We are all gonna die! / So let's get high / ¡We are all gonna die! / So let's be nice”

¿Y ahora qué? Ahora vamos a por “I wanna be your dog”, por supuesto.





viernes, 1 de octubre de 2010

Día mundial de los cuidados paliativos.


El próximo viernes día 8 de octubre es el día mundial de los Cuidados Paliativos. Con este motivo han sido organizados una serie de actos en la Plaza de la Catedral de Murcia (cardenal Belluga) a partir de las 12.30 de la mañana.





La Momia que Habla ofrecerá un (breve) concierto en la carpa que se instalará en la plaza.


Lo de menos es el concierto. Lo importante es apoyar todos con nuestra presencia a la gente que se está currando esta atención sanitaria tan básica, muchas veces relegada por la fascinación de la tecnología salvadora de vidas.


Os esperamos.


Aquí tenéis la presentación del acto:


bolo paliativos (2010)


miércoles, 29 de septiembre de 2010

El momiblog, nuevo curso



Bueno amigos (como dice siempre el presentador del festival de Jazz de San Javier antes de cada actuación; llevamos así como trece ediciones), empieza otro nuevo curso Momia. Para abrir boca hemos actualizado un poco el diseño de la página. Sin grandes alardes: plantilla prediseñada de Blogger y mucho blanco para que se vea bien la foto del último disco. Hemos añadido, tras los enlaces de las páginas que seguimos, un contador mensual de visitas (así da la impresión de estar un poco menos solos) y una presentación con fotos de nuestras actuaciones y otras miserias (y sí, vamos envejeciendo: las Momias no tienen muchas alternativas, pese al embalsamamiento que es propio de nuestra condición).

Desde aquí iremos dando cuenta de las novedades del grupo para el año, noticias musicales, y librescas varias, comentarios de conciertos de amigos y admirados y, de vez en cuando, algo de momia-ficción de relleno.

La verdad es que, como a todo bloggero, de vez en cuando me entra la tentación de cerrar la tienda, persianazo y tal (hoy muy a cuento con eso de la huelga-llamemos-general), pero, en fin, somos muchos los contribuyentes potenciales y está bien tener un espacio para ir generando debate (¿o mejor, alguna vez, dewater?).

Pero esto de la web 2.0 se alimenta de interactividad. De nada sirve el delirio bloggero-onanista sin un poco de marcha, o sea comentarios, referencias cruzadas, enlaces, recomendaciones, etc. Así que, si alguien quiere hacer cualquier comentario, incluso abiertamente crítico con nuestra posición, formas, formato, temas, arreglos, armonías, fascismos o desatinos varios, por favor, que no se corte. Mis disculpas por cualquier malentendido anterior. Por nuestra parte haremos lo imposible por no escupir en ojo ajeno, que siempre queda feo.

En fin, feliz nuevo curso Momia para todos.





domingo, 12 de septiembre de 2010

LOVE OF LESBIAN: FIN DE CICLO


B-Side festival. 11 de septiembre. Estadio Sánchez Canovas: un trozo de hierba rodeado por un basurero que la noche no consigue disimular. La trashuerta. Once y media de la noche. El público expectante se va apelotonando delante del escenario. Nosotros habíamos ya avanzado aprovechando la confusión al final del concierto anterior. Buena colocación (de sitio, digo; solo llevábamos 3 cervezas): centrados y a unos 15-20 metros del front stage. Los movimientos de la masa indie comienzan a ser cada vez más agresivos. La música del DJ del Gallo Blues es buenísima. Consigo una pequeña ventaja táctica subiéndome encima del tubo de cableado que va hasta la mesa de control (30 cms de ventaja). Subo a las chicas y comienza la lucha por la posición. Impongo mi envergadura (indies todos bajitos por una vez). Supermaño cae en las primeras escaramuzas y no consigo agarrarle.

El escenario ha sido cubierto con una enorme cortina con el logo del festival y, mucho más grande, su principal patrocinador. Hay un metro por debajo que permite ver las horrorosas canillas peludas de los pipas; un ejército de pipas. Algún indie cree reconocer las canillas de Santi. “Es Santi; ya están ahí”. Más movimientos. La edad de los lesbianos ha ido disminuyendo notablemente en los conciertos de LOL. Ahora creo que la mayoría ronda los 18. Cuando comenzamos con nuestra obsesión lesbiana su público mayoritario eran maduritos gafipastas, y, por supuesto, nunca llenaban. Su éxito es total, tras el tercer disco en castellano con una multi. Este 1999 ha sido un salto interesante pero menos emocionante que su Maniobras de escapismo; y menos que su Cuentos chinos para niños del Japón. Pero aquí estamos de nuevo. Con nuestros LOL. Nuestros porque a pesar de su éxito multitudinario seguimos enganchados. Sobre todo Blas. Creo que está enamorada de Santi; lo tiene de salvapantallas en su ordenador y sus secretarias le dicen que qué guapo es su marido. Ella creo, no las corrige aunque dice que sí.

Por fin quitan las cortinas y aparece la oblonga sombra del bajista Joanra saludando. Van entrando el resto de los componentes, con sencillez, sin demasiada pose (excepto, como siempre Jordi, el guitarra, cada vez más desnortado, gordo y, prescindible?) y colocándose en el estupendo escenario que viste y luce de gala para el grupo estrella de la noche. El teclas, al que llaman Deluxe, porque es igual (yo creo que es él; no sé su nombre porque no aparece nunca; tampoco su foto – en lugar de ella hay un sombrero en su myspace-; seguro es Xoel Deluxe, cada vez más importante en el directo y en los discos; es muy bueno – debería mirar su nombre en la camiseta que firmó sobre la delantera de Lou, aunque es probable que, ante tamaño reto, no se entienda nada); el estupendo batera, Uri, un puntal; Julián, mi favorito de los LOL (el guitarra acústico más elegante; creo que básico en el cambio que sufrió el sonido y la intención del grupo con su Maniobras en el 2005; compositor de muchas de las melodías y creo que el cómplice de Santi). Por fin, Santi: con cara de cansado, algunos kilos de más; parece que esta gira le ha puesto 10 años encima; no me extraña. Santi es un artista; un creador de un mundo original que ha llegado a miles de corazones que, como decía un tipo en un blog, “se matan a pajas escuchando Domingos Astrománticos”. Cada vez utiliza mejor su carisma, los gestos y las palabras justas; siempre tratando con respeto a su público; lo respeta porque no asume que son descerebrados así que ironiza y les da las gracias con su entrega total física y mental. Creo que es demasiado. Temo por él.

El concierto, de los mejores. Sonido excelente gracias al protagonismo que le han dejado al teclista y a la acústica de Julián. Jordi fuera, a su bola; su guitarra al fondo como una chicharra pero, al menos, no molesta, como otras veces. La voz de Santi muy ayudada por las gargantas emocionadas del público que canta todas las canciones desde el principio (Santi hasta le hace segundas). Los temas magníficos. Me llegan, sobre todo, los antiguos: Houston, Cómo me amo, Noches reversibles. En todo caso, la sensación de que están al límite. Más serios. Creo que exhaustos física y emocionalmente; probablemente también, conscientes de lo difícil que será el siguiente paso. Muchos acaban separándose tras un maratón como el de los LOL (los Sunday Drivers). Esperemos que siga el genio pero creo que tendrán que inventarse una nueva pirueta. Otra maniobra de escapismo. Es el Fin de Ciclo. Suerte y, siempre, gracias.

martes, 7 de septiembre de 2010

LA LUCIDEZ DE LOS PERDEDORES


Atentos a la ocurrencia de Kurt Vonnegut en su alucinante, divertida y trágica Matadero Cinco, relato sobre sus vivencias como prisionero de guerra americano durante el bombardeo de Dresde:


“El suponía que la intención del Evangelio era enseñar a la gente, entre otras cosas, a ser compasiva, incluso con las personas más bajas y ruines. Pero lo que el Evangelio enseñaba en realidad era esto: Antes de matar a alguien, asegúrate de que no está bien relacionado. Así es. El defecto de las historias de Cristo, decía el visitante del espacio, estaba en que era en realidad el Hijo del Ser más Poderoso del Universo, aunque pareciera un don nadie. Y los lectores así lo veían, de manera que cuando llegaba el momento de la crucifixión pensaban: ¡Esta vez han metido la pata al escoger a este tío para lincharle! ”


La ironía como carga de profundidad contra la moralidad convencional cristiana aliada que justificó este crimen de guerra: una matanza inútil, un destrozo vil de una ciudad indefensa, nada estratégica, con la Alemania nazi ya vencida (capitularon solo 3 meses después). Una venganza sanguinaria en la carne de los inocentes.

Los 30.000 civiles muertos en Dresde no tenían amigos influyentes.

Otro de esos. La lectura de Los Ensayos de Montaigne es absolutamente deliciosa e irresistible desde su publicación en Burdeos en 1580. Os recomiendo compraros la reciente edición en Acantilado, tenerlo en vuestra mesilla de noche y refrescaros con alguno de sus capítulos, abierto al azar, cuando os sintáis desorientados. Sí, Montaigne es el gran escéptico esperanzado; sus “Ensayos” un manual de vida basada en la inteligencia, el sentido del humor, la humildad y la ironía. Anoche me descojonaba leyendo su capítulo dedicado a la presunción. Dice:


“Me gusta no saber el cálculo de lo que poseo, para sentir con menor intensidad mis pérdidas... Ante un peligro no pienso tanto en cómo escaparé de él cuanto en lo poco que importa que escape... Me produce más fiebre el horror a la caída que el golpe. El avaricioso sale peor librado de su pasión que el pobre, y el celoso peor que el cornudo”


Entonces Montaigne cuenta esta anécdota de un amigo suyo:


“Se casó a una edad muy avanzada, tras haber pasado la juventud como un alegre compañero: gran hablador, gran burlador. Recordando hasta qué extremo el asunto de los cuernos le había dado para hablar y para burlarse de los demás, con el fin de ponerse a cubierto, se casó con una mujer que tomó allí donde todos las encuentran a cambio de dinero, y forjó con ella su alianza: “¡Buenos días, puta!” “Buenos días, cornudo”. Y en su casa de nada hablaba más a menudo y más abiertamente a quienes le visitaban que de este asunto”


Fantástico ¿no?

jueves, 2 de septiembre de 2010

THE SUMMERPOST (Y 9): LA TORMENTA PERFECTA

Como siempre, en este verano tampoco he cumplido (totalmente) mis deseos: me hubiera gustado darle más continuidad al summerpost pero, unas veces por falta de red y otras por falta de tranquilidad, la cosa no ha podido ser. En cualquier caso sí quiero compartir con vosotros (en este ejercicio de narcisismo exacerbado en que se han convertido los blogs basados en la “narrativa del yo” que diría Pepe Momia) mis (humildes) degustaciones intelectuales:

1- Roth, siempre Roth: inquietante su “Animal Moribundo” y la indagación de los límites de la moralidad; estupenda su obra menor “Me casé con un comunista”; sorprendente técnica narrativa metaliteraria y la metáfora que expresa, tan judía, de predestinación de “La Contravida”; genial la voz del pequeño Phil en “Conjura contra América”, la mejor defensa del enorme legado en términos de democracia y defensa de la libertad que fue la participación norteamericana en la II guerra mundial y un advertencia seria contra los peligros del fascismo disfrazado de amor a la patria y la pureza (Sarkozy, fascista, así se empieza)

2- Último disco de Paul Weller: Wake up the Nation. Imposible más intensidad y compromiso con el rock como forma de expresión

3- El mejor disco de este año en castellano: Tachenko “Os reís porque sois jóvenes” re-escuchado mil veces y siempre sonando auténtico, luminoso y con ese toque de “lúcidos perdedores ” tan melancólico y encantador

4- La recomendación de Pepe Momia, “Las teorías Salvajes”. Sorprende la clase de su autora Pola Oloixarac (sobre todo teniendo en cuenta que es su primer libro), muy Pynchon en su mezcla de ciencia, filosofía, esoterismo y drogas; sin embargo demasiado pendiente de parecer (post) moderna. No emociona

5- El regalo de mi amigo Jesús Balda, los poemas de Boris Vian ilustrados “No me gustaría palmarla”. Un descojone lleno de inteligencia y belleza

6- Jesús Conill y la relectura de su magistral “Horizontes de economía ética” del 2004, más necesario que nunca. La estupenda despedida de la temporada de Iñaki Gabilondo (que reproduzco porque merece la pena; ha sido vilipendiado por los listos pragmáticos camaleones del PSOE como un discurso “radical de izquierdas”) pone el contexto:

"Buenas noches, señoras y señores. Hoy concluye nuestra temporada. Éste es nuestro último programa hasta septiembre. El curso que concluye no es como los demás porque lo ocurrido tras la hecatombe financiera ha sido tan aplastante que marca un antes y un después. La naturalidad con que ha impuesto su ley en todo el mundo la doctrina que nos arrastra al abismo, ha descorrido el cortinón que ocultaba la gran verdad. Incluso los ojos que no querían ver y los oídos que no querían oír han debido darse por enterados. Somos súbditos de los mercados, el régimen en que vivimos es una dictadura; una dictadura disfrazada con los ropajes de la democracia. Nuestros orgullosos estados, nuestros representantes políticos, y la mayoría de los ciudadanos fingen no darse cuenta y manejan toda la gesticulación de la normalidad democrática pero ya nadie ignora que los caminos están trazados, que fuera de ellos no hay salvación, y que nuestra libertad sólo puede ejercitarse en el pequeño margen de elasticidad -un poquito mas a la derecha, un poquito mas a la izquierda- que se nos autoriza. No hay ningún tremendismo en esta afirmación. En los últimos meses hemos podido comprobar que se ha decretado un modelo obligatorio de gobernación, la socialdemocracia ha quedado prohibida de facto. Bueno, se le permite gobernar con tal de que no sea con sus propios puntos de vista. Estallada ya la evidencia, se trata de saber si se acepta sin reparos esta dictadura o si se desencadena una reflexión de fondo sobre la democracia y su futuro que no debe ocupar sólo a la izquierda, aunque para la izquierda se convierte en decisivo descubrir su sentido y su papel en esa realidad." Iñaki Gabilondo. 15 de julio de 2.010. Hoy (Cnn+).

Conill ya advertía de la situación de imposición de un modelo económico tecnocrático vendido como “el único posible”. Mentira. Recupera Jesús las bases éticas de la economía, una ciencia al servicio del hombre, desde Aristóteles a Adam Smith y recorre la incompetencia moral de un sistema económico moderno que no cumple con los fines de conseguir un mundo mejor, sino todo lo contrario. No vale pues. Busquemos otro. No es ésta una postura política sino simplemente una evidencia empírica. Si los resultados del capitalismo libertario son éstos, es que el capitalismo libertario no es un buen sistema económico. Sus bases conceptuales no valen porque los resultados a los que conduce su aplicación son la corrupción, el aumento de la desigualdad, la injusticia, el paro, el desastre ecológico.. en fin, como dice mi amigo Phil Insall, la “tormenta perfecta”. Preconiza Conill un sistema basado en el mercado, la propiedad privada, la libre competencia, el ánimo de lucro (¿entonces?). Sí, el libre mercado es el mejor sistema, el más respetuoso con la libertad individual pero no puede basarse en una única pulsión: el egoísmo. Un sistema económico que cree que la única motivación del hombre es el propio beneficio (como un sistema antropológico que asume que la única pulsión del hombre es la violencia, como la “teoría salvaje” hobbesiana de Pola Oloixarac) es pobre, alienante y tonto por su simpleza conceptual. La actual teoría económica ha sido incapaz de predecir el desastre (a lo sumo lo explica). La desregulación salvaje del sistema financiero de la trágica era Bush se basaba en la premisa, demostrada como falsa (insisto), de que los fundamentos egoístas del comportamiento humano conducen al bienestar individual y social. La falta de sensibilidad hacia la injusticia, o simplemente la corrupción de los mercados, se reviste de un falso amor a la libertad. No hay nada más esclavizador que un sistema que conduce a unas condiciones que convierten a las personas y a los Estados en meros peones, en esclavos del mercado como dice Gabilondo. Conill relee al premio Nobel de economía Amartya Sen, pasando por Stiglitz o Vincent Navarro para proponer una economía al servicio de la libertad del hombre: libertad para poder desarrollar una vida satisfactoria en una sociedad justa. Para ello, Sen propone medir el desarrollo de los pueblos no simplemente en términos de PIB sino que se consideren otros ítems como la igualdad de oportunidades en educación, el acceso a una sanidad o una mínima seguridad (física y jurídica). La meta del desarrollo es el fomento de la libertad humana para lo que es necesario eliminar las principales fuentes de la falta de libertad: la pobreza y la tiranía, la escasez de oportunidades económicas (el paro, por ejemplo), las privaciones sociales sistemáticas, la inseguridad jurídica, la corrupción, la violencia, el abandono de los servicios públicos. El PIB es un ítem más a medir pero no un fin en sí mismo; el crecimiento económico debe estar al servicio de este aumento de las capacidades del hombre para desarrollarse en libertad; cuando el crecimiento económico pasa a ser un fin en sí mismo se utilizan estrategias que limitan las capacidades de los individuos, los hacen menos libres: por ejemplo, desatender la sanidad o la educación en nombre del crecimiento económico es no saber valorar la importancia para la productividad que tiene que las sociedades cuenten con ciudadanos saludables y formados. En fin, queda mucho por pensar pero estoy con Iñaki en que la actual solución basada en estrategias impuestas por los mismos que han conducido al mundo a esta crisis es impresentable, estúpida, pobre y, mucho me temo, que una inflexión gravísima en la historia del desarrollo humano conseguido durante el siglo XX gracias a lo mejor de la tradición liberal (Rawls) y socialdemócrata (Habermas). La tormenta perfecta, vamos.

Gracias por leerme y nos vemos, espero, con textos menos exhibicionistas. Pero para eso hay que tener talento y, evidentemente, no es el caso. Cada uno llega hasta donde puede