martes, 14 de junio de 2011

EL CORAZÓN MORAL DE LA MEDICINA



La buena práctica sanitaria se fundamenta en una serie de principios que proceden de su tradición o ethos pero que, lejos de ser estáticos, deben ser dinámicos. Me gusta equiparar la función sanitaria con la funión docente: la atención sanitaria se debería ejercer de manera que la relación clínica supusiera un aprendizaje para el paciente (y para el profesional). Un apredizaje que le permitiera al enfermo comprender mejor sus dolencias con el fin de tolerar las inevitables limitaciones que la vida nos va imponiendo a todos y aumentar, de esta manera, su autonomía personal. Ser un buen profesional sanitario significa ser capaz de enriquecer el grado de conocimiento que el paciente tiene sobre si mismo, los demás y el mundo, y no empobrecerlo (todo en relación con la salud y la enfermedad). Significa ampliar los conocimientos, las percepciones y los intereses de los pacientes y no reducirlos. Supone profundizar en el modo de reflexionar y sentir de los pacientes, no tratarlos con superficialidad. Ser un buen profesional sanitario implica no mostrar apatía, indiferencia o desinterés moral e intelectual hacia los pacientes.

Aunque siempre me ha rechinado lo de "vocación" creo que es importante que volvamos a sentir la práctica sanitaria como una vocación o llamada (no sé cómo llamarlo de otra manera) ya que ésta es la única postura que puede impulsarnos a comprometernos con los principios morales e intelectuales de la atención sanitaria y a no sucumbir ante las fuerzas que nos presionan para rebajar nuestras expectativas, escatimar esfuerzos en nombre de la conveniencia o, en el peor de los casos, desanimarnos. Creo que es importante volver a contemplar la práctica sanitaria como una empresa moral, que requiere personas maduras y reflexivas para ser ejercida.

La práctica sanitaria puede definirse de acuerdo con los medios que utiliza o de acuerdo con los fines que persigue. Centrarse excesívamente en los medios puede proprcionar una visión demasiado rígida de la naturaleza de la profesión sanitaria y reducir la práctica a una serie de procedimientos técnicamente impecables. Las técnicas y los protocolos toman las riendas de la función sanitaria que se aleja de la concepción de que existen unos fines o preopósitos que merecen la pena. Sin embargo las habilidades y técnicas son imprescindibles para un buen ejercicio. La práctica sanitaria es un tarea moral que debe emprenderse con habilidad.

Las perspectivas basadas excesívamente en los fines acaban considerando al sanitario un medio más y como dijo Octavio Paz, cualquier empresa que acabe considerando al sujeto como un medio para un fin futuro, por muy loable que éste sea, supone “preparar una prisión para el presente”. El sanitario conoce bien lo que supone que lo traten como jornalero y que a la vez le exijan una atención humana y técnica impecable.

Los sanitarios formamos parte de una profesión con mucha historia. Quizás volver la vista atrás, hacia la tradición milenaria de los míticos sanadores que nos han precedido, no nos ayude a diluir la tensiones, dilemas y ambiguedades que nuestra profesión conlleva pero sí nos podría permitir responder, que no reaccionar, ante los desafíos a los que la práctica diaria nos enfrenta. Una respuesta implica algo más que una reacción: implica la capacidad de pensar detenidamente en las cuestiones, de conseguir una perspectiva ampliada, de ser paciente y no impulsivo. Una respuesta supone la capacidad de tomar las riendas del propio trabajo en lugar de considerarse a uno mismo un simple ejecutor de los deseos de otros. Cultivar un sentimiento de tradición puede generar en el sanitario una distancia crítica respecto de muchas concepciones tecnocráticas contemporarneas de lo que se supone que es la profesión sanitaria y a la vez, también, incitar al sanitario a implicarse en su autoevaluación y a no perder de vista lo que significa ser, en primer lugar, un profesional.

O, quizás no

Abel Novoa
(a cuenta de nada y de todo)

4 comentarios:

Pepe Martinez dijo...

¡Cuantas cosas importantes se nos han ido cayendo "por el roto de los pantalones" en este trasiego hacia la tecnificación de la medicina!

Beatriz dijo...

Vocación es un término bien bonito y no debería darnos ese mal rollo. Y más bonito aún es su significado: una llamada ante la que algunos (no todos) responden. Y responder es responsabilizarse, comprometerse, "remangarse" y llegado el caso enfangarse en la aventura de la relación clínica.
Me gusta la vocación; sentirla, escucharla y atenderla. Y digo más, a tu reflexión: amén, Abel. (o sea, así sea)
Besos sin vendas para las momias que hablan y tb para las que callan
Beatriz

L.P dijo...

"Ser un buen profesional sanitario implica no mostrar apatía, indiferencia o desinterés moral e intelectual hacia los pacientes"

Es complicado ser un buen profesional cuando las listas de espera son infinitas y los pacientes se vuelven impacientes, cuando no se debe mezclar lo personal y lo profesional, cuando hay gente mal educada que exige sus derechos sin respetar los tuyos. Muy complicado, pero cuando llega una y se encuentra con un buen profesional "no quemado, aún" dan ganas de abrazarle.

Abrazos apretujaos, para todas las momias del equipo!!
L;)

Anónimo dijo...

" A cuento de nada y de todo" creo que a cuento de mucho. A cuento de lo que hacemos todos los días, a cuento de que trabajamos con personas " humanas" a cuenta de DARNOS CUENTA" a cuenta de que esta RED es imparable y cada vez másgente pregunta, se interesa, se cuestiona, quiere hacer algo y otros se solidifican en su postura del aquí y del ahora y del no cambio, porque si cambio me muevo, se me tambalea el sombraje y ....puedo perderrrrrrrrrrrrrrr

Saludos
Reme