lunes, 29 de diciembre de 2008

FRANK BASCOMBE (1)

Acabo de terminar “Acción de Gracias”, la última novela de Richard Ford y la última, probablemente, en la que aparezca Frank Bascombe, tras “El día de la Independencia” (1995) y "Periodista Deportivo" (1980, creo). Como afirma Rodrigo Fresán, yo también me he convertido en Frank Bascombe (tras leer las dos últimas): su manera de estar en el mundo, de relacionarse con sus semejantes, de... viajar en coche y, sobre todo de narrarlo, trasmitiéndonos la riqueza de lo cotidiano, los matices de las relaciones humanas reales, me ha subyugado hasta el punto de que… me siento mejor. Todavía no sé por qué coño me siento mejor, pero así es: el estilo Bascombe es un canto a la esperanza y me conecta… “con la eternidad” (como a Fresán), con lo infinitamente grande pero también con lo infinitamente pequeño, cercano, humano… Joder son 6 días, tres de la década de los 90 y tres de la primera del 2000 en 1295 páginas (dos libros). Eso casi es una eternidad. Y lo estupendo es que se te hacen cortos.
Así comienza El Día de la Independencia: “En Haddan, el verano baña las calles suavizadas por los árboles como un bálsamo extendido por un Dios negligente, lánguido, y el mundo marcha al ritmo de sus propios himnos misteriosos” Además de su capacidad de crear metáforas bellas, continuamente lanza reflexiones cargadas de una filosofía de la vida escépticoesperanzada (impregnada del optimismo de la gran comedia norteamericana, optimismo del patético, el Lemon de El Apartamento, optimismo del cínico, el Grant de Historias de Filadelfia e incluso optimismo ético, de un Atticus Peck/Gregory Finch en Matar a un Ruiseñor).
Aquí va esta joya: “Un hecho triste, claro, de la vida de los adultos es que uno ve cosas a las que nunca se adaptará que le apuntan desde el horizonte. Uno las ve como los problemas que son, uno se preocupa tremendamente por ellas, hace previsiones, toma precauciones, realiza ajustes; se dice a sí mismo que cambiará el modo en que hace las cosas. Pero no lo hace. No puede. En cierto modo, ya es demasiado tarde”. Claro que Frank está, en El Día de la Independencia, en pleno “periodo de existencia”, ese en el cual “ya has visto pasar, como barcos averiados, el número suficiente de crisis sin arreglo, y te das cuenta de que arreglar una de cada seis constituye una buena media y que hay que dejar que del resto se ocupe el tiempo” El libro describe en gran medida la relación y los sentimientos de Frank con su hijo adolescente y conflictivo, Paul, de 15 años (le acaban de pillar mangando tres cajas de condones) y su posición ante él me parece muy lúcida: “Naturalmente no le puedo explicar casi nada. La paternidad en sí misma no proporciona una sabiduría que merezca la pena impartir… El punto de vista de un padre sobre lo que está bien o mal en su hijo probablemente sea incluso menos acertado que el del vecino de la puerta de al lado, que sigue la vida del chico por una rendija de la cortina. A mí, claro está, me gustaría hablarle de cómo hay que vivir y desenvolverse gracias a todo tipo de fórmulas de compromiso, decirle lo mismo que me digo: que, en realidad, nada “encaja” perfectamente, que los errores son inevitables y es preciso olvidar las cosas malas. Pero durante nuestras breves conversaciones parece que solo soy capaz de hablar indirectamente, frívolamente, antes de batirme en retirada, por temor a equivocarme, a complicar las cosas o a discutir con él, y ser su terapeuta en lugar de, simplemente su padre. De modo que con toda probabilidad nunca le proporcionaré un buen remedio para su enfermedad y ni siquiera me haré una idea correcta de cuál es ésta, sino que sólo sufriré con él durante un tiempo y luego me iré…Así pues, lo peor de ser padre es mi sino: ser adulto. No hablo el lenguaje adecuado; no me enfrento a los mismos temores y contingencias y oportunidades perdidas; mi sino es saber muchas cosas y, sin embargo, tener que estar parado, como un farol con la luz encendida, esperando que mi hijo vea el resplandor y se decida a acercarse al calor y la luz que le ofrece calladamente

Queridos y queridas: leed a Richard Bacombe/Frank Ford… es la vida (continuará)

miércoles, 24 de diciembre de 2008

He's not here.





Definitivamente, esto de la distribución de las películas en España (para esto y otras cosas, Ejpaña), no hay quien lo entienda. El creativo biopic sobre Bob Dylan dirigido por Todd Haynes y, supongo y espero, una peli estupenda teniendo en cuenta al director, a los actores y el original formato, no hay forma de poderlo ver en Ejpaña. En I’m not there, que así se titula el asunto, Dylan es interpretado por seis diferentes actores, seis, ¡de diferentes edades, sexo y razas! en lo que parece, más que un homenaje, una aceptación de lo que este gran metamorfoseador que es Bobby ha hecho con su propio personaje.

La peli, desde luego, pinta muy bien. Todd Haynes ya dirigió otra titulada Velvet Goldmine sobre el mundo del glam rock con David Bowie e Iggy Pop como motivos inspiradores. Por cierto, peli producida por Michael Stipe, de los R.E.M.

El caso es que la peli en cuestión, que habría que retitular (eso que tanto les gusta a las distribuidoras en Ejpaña, “I’m not there (y tú que lo digas)”, ya ha pasado por diversos festivales: Cate Blanchet (que interpreta al Dylan de la época de la famosa gira por UK, la época que se puede ver con detalle en el documental de Bob Neuwirth, “Don’t look back” y en gran parte del “No direction home” de Scorsese) se llevó la copa Volpi en Venecia a la mejor actriz (donde la peli también recibió el premio Especial del Jurado) y, creo, una nominación a los premios Oscar. Si no me equivoco, en Europa ya se ha estrenado, al menos en París (ahí al lado está la foto de la entrada ¡de Dic ’07! que he pillado en otro blog)…pero aquí, por supuesto, no. Es más, ya está a la venta en DVD, que FNAC anunció que distribuiría en Diciembre en España, pero, tampoco hay DVD. En la página web de FNAC no es encontrable (por cierto, si ponéis “Bob Dylan” en el buscador os saldrán también las películas de “Bob Esponja”) y en su tienda de Murcia, desde luego, tampoco.

La película se terminó y se estrenó, aparentemente, en el resto del mundo civilizado (y también en USA) en 2007, el año en el que a Dylan le dimos (porque es nuestro dinero, me refiero) el premio Príncipe de Asturias (acompañada de una poética acta del jurado que dice que Dylan es un “mito viviente en la historia de la música popular y faro de una generación que tuvo el sueño de cambiar el mundo. Austero en las formas y profundo en los mensajes, […] conjuga la canción y la poesía en una obra que crea escuela y determina la educación sentimental de muchos millones de personas. Por ello mismo, es fiel reflejo del espíritu de una época que busca respuestas en el viento para los deseos que habitan en el corazón de los seres humanos”.) En 2008, al tipo le han dado también el Pulitzer (mención especial) por su (mucho más prosaica la Universidad de Columbia) “profundo impacto en la música popular y en la cultura americana marcado por composiciones líricas de extraordinaria potencia poética”. Por cierto, en este link podéis ver la foto de su hijo Jesse (que parece más bien su padre) recogiendo el premio. Vaya que no se puede decir que Dylan no está en el “candelabro”.

Por si fuera poco, en la peli sale Charlotte Gainsbourg el papel de Sara (Lownds) y Julianne Moore haciendo de Joan (Baez). ¿Se puede pedir más? Bueno parece que se puede pedir algo menos: según algunos de los afortunados espectadores de Anglosajonia (como diría Espe), las secuencias tipo peli del Oeste donde se rememora el rodaje de Pat Garrett & Billy the Kid son bastante flojas y Richard Gere no está demasiado bien en ellas (lo que no es sorprendente, por otro lado).

El caso es que la peli no se estrena aquí ni se puede ver en DVD ni nada. La distribuidora (Vértigo) anunció su estreno para Febrero ’08, pero no. Después salieron reseñas (en la web de los 40p) que apuntaron a Marzo ’08. Actualmente no news que, para esto, is bad news, o sea, nada de nada. En la web de Vértigo, no está entre los “próximos estrenos” y, aunque se puede encontrar la “ficha” de la película, se ha clausurado el foro donde la gente exigía(mos) su inminente estreno, que ya será hora.

Yo, por si acaso, conseguí el doble CD de la banda sonora que consiste en estupendas versiones de muchos de sus temas reciclados por buenos cantantes y mejores grupos y he encargado a Amazon el DVD de la película (que no sé si podré visionar en mi reproductor, por eso de las características regionales de los DVDs, caca de globalización, joder) que me tardará, por correo normal, un mes aprox. (caca de globalización, joder, bis).

Mientras tanto, a disfrutar de High School Musical 3, Madagascar 2 (parece un partido de fútbol) o Superhero Movie. O, de nuevo, del tráiler, que ya me lo he visto cienes de veces. O buscándola (no la he encontrado) en lugares P2Prohibidos. ¡Vaya tela! (deben ganar algunos). ¡Y qué viva el canon, San Copyright, El Minijterio de Gultura y la madre que parió a todas las distribuidoras!

Definitivamente, He’s not here.

viernes, 19 de diciembre de 2008

LIBERTAD de Paul Eluard

Declaración Universal de los derechos humanos. Fragmentos:

"Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes." Art. 5

"Nadie podrá ser arbitrariamente detenido, preso ni desterrado."Art. 9

"En mis cuadernos de escolar
en mi pupitre en los árboles
en la arena y en la nieve
escribo tu nombre.
En las páginas leídas
en las páginas vírgenes
en la piedra la sangre y las cenizas
escribo tu nombre.
En las imágenes doradas
en las armas del soldado
en la corona de los reyes
escribo tu nombre.
En la selva y el desierto
en los nidos en las emboscadas
en el eco de mi infancia
escribo tu nombre.
En las maravillas nocturnas
en el pan blanco cotidiano
en las estaciones enamoradas
escribo tu nombre.
En mis trapos azules
en el estanque de sol enmohecido
en el lago de viviente lunas
escribo tu nombre.
En los campos en el horizonte
en las alas de los pájaros
en el molino de las sombras
escribo tu nombre.
En cada suspiro de la aurora
en el mar en los barcos
en la montaña desafiante
escribo tu nombre.
En la espuma de las nubes
en el sudor de las tempestades
en la lluvia menuda y fatigante
escribo tu nombre.
En las formas resplandecientes
en las campanas de colores
en la verdad física
escribo tu nombre.
En los senderos despiertos
en los caminos desplegados
en las plazas desbordantes
escribo tu nombre.
En la lámpara que se enciende
en la lámpara que se extingue
en la casa de mis hermanos
escribo tu nombre.
En el fruto en dos cortado
en el espejo de mi cuarto
en la concha vacía de mi lecho
escribo tu nombre.
En mi perro glotón y tierno
en sus orejas levantadas
en su patita coja
escribo tu nombre.
En el quicio de mi puerta
en los objetos familiares
en la llama de fuego bendecida
escribo tu nombre.
En la carne que me es dada
en la frente de mis amigos
en cada mano que se tiende
escribo tu nombre.
En la vitrina de las sorpresas
en los labios displicentes
más allá del silencio
escribo tu nombre.
En mis refugios destruidos
en mis faros sin luz
en el muro de mi tedio
escribo tu nombre.
En la ausencia sin deseo
en la soledad desnuda
en las escalinatas de la muerte
escribo tu nombre.
En la salud reencontrada
en el riesgo desaparecido
en la esperanza sin recuerdo
escribo tu nombre.
Y por el poder de una palabra
vuelvo a vivir
nací para conocerte
para cantarte
Libertad".


FELÍZ NAVIDAD Y QUE EL 2009 SEA UN AÑO BONITO Y LIBRE.

miércoles, 17 de diciembre de 2008

Mi lista (a las baquetas)


Fin de año, tiempo de listas, que no de balances, porque éstos, los balances, son algo contable, es decir, todo eso del debe y del haber y, claro, todos los años se debe uno algo, y hubo de haber más de lo que hubo, probablemente, no sé si me explico. A mí se me ocurre hacer lo siguiente: mis diez momentos favoritos del año y mis diez sensaciones-sapo, por orden. Desde luego, podría alterarse el orden y seguro que lo más importante lo olvidé. Y a lo mejor miento o me miento, pero, a día de hoy, esta lista es la que ha acudido a la memoria.


Buen rollo:


10. Juntar en el cerebro la canción “Disneylandia” de Jorge Drexler con el/los argumentos/s de Nocilla Dream/Experience y salir ileso.

9. Oir a Love of Lesbian en Mayo en Elche y a Kula Shaker en Junio en Lorquí (y repetir a LÖL).

8. Descubrir, leer y disfrutar a Rodrigo Fresán y a Edgar Keret.

7. Escribir algunos cuentos y una medio novela y, de esa forma, conocer a Eva y a Jorge.

6. Escribir canciones.

5. Tocar con el grupo (cualquiera de los ensayos y actuaciones, aunque, puestos a escoger, quizá en “La muralla” porque no tenía silla y descubrí que puedo tocar mal a la vez que bailar peor).

4. Viajar –a varios sitios– con Abel y Rosa y que no se cansen de mi (o, al menos, que no lo digan, qué gente tan elegante).

3. Bañarme con los niños en Taormina, Sicilia (y tirarnos desde lo alto de esa piedra en mitad de la bahía).

2. La sonrisa de algunas pacientes, cuando se van de alta.

1. La sonrisa y la mirada, limpia y atractiva, de Lou, un año más.


Mal rollo:


10. No haber leído a Faulkner, a Roth, a Durrell (Lawrence) y a tantos otros, un año más, y, encima, releer a Salinger, a Cortázar, a Monterroso y a tantos otros, un año más, y sorprenderme de no recordar casi nada de ¿lo esencial?

9. No haber hecho (pero nada de) deporte.

8. Continuar sin aprenderme (la mayoría de) las canciones del grupo.

7. Haber dejado de ser competitivo (¿o quizá eso es bueno?).

6. Traducir a Dylan al castellano y que rime (y que Él no lo sepa nunca).

5. No poder evitar que una momia se fuera de/por la platamorfa, a pesar de tanto y tan buen vino y cava, y tantas explicaciones, en aquella comida.

4. No querer acabar ese dichoso proyecto de investigación (y que el asunto te persiga incesantemente).

3. Dejarles a deber un viaje a Madrid y otro a Barcelona a los niños.

2. No saber ser mejor médico que el año pasado.

1. Recordar, otro año, que el 18 de septiembre ella no cumple más.


Esta enumeración puede, en fin, resumirse en dos: doy al 2008 por (muy) bien vivido y al 2009 por (bastante) bien merecido.


¡Salud!, momias y demás parientes.


lunes, 15 de diciembre de 2008

TRAGEDIAS(TM): el dolor de los demás.


Continuamente se ciernen tragedias de escalas impredecibles –y con una puesta en escena en difícil competencia con la tragedia previa– desde la pantalla del televisor, en nuestro salón tan Ikea, tan colonial, tan Luis XV o quizá zen, un verdadero washitsu feng shui (aunque uno es concepto japonés y el otro chino, pero a nosotros no nos importa ¿verdad?). Mientras almorzamos, descansamos, o simplemente nos desparramamos frente al televisor, la sangre llena los píxeles RGB del plasma tan plano que acabamos tal vez de comprar y estropea con su reflejo nuestro sofá minimal –menos mal que es completamente desenfundable– fabricado en ¿indonesia?

Digo todo esto tan desagradable, lo siento, porque, del reciente terror anarco-nihilista-fundamentalista de Bombay me llamaron mucho la atención las declaraciones de una de las personas que lo sufrieron allí. No, no me refiero a Esperanza Aguirre. Tranquilidad. No, era otra conciudadana nuestra que había ido allí por negocios, si no recuerdo mal. La mujer, en ese castellano un poco más rico o menos pobre de lo habitual y que todavía identifica una buena educación y un buen presupuesto invertido en lainfancia, comentaba que todo le había parecido propio de “una película”, algo “irreal”. Tragedia-ficción, por tanto. Del mismo modo, en las entrevistas que ha realizado Antonio San José en Cara a cara para CNN+ a algunos de los afectados, que habían sido retenidos en hoteles o en el caos callejero de un Bombay atacado, bombardeado, secuestrado, en algún momento se escuchaba de boca de Antonio San José la frase “[Señor o señora Tal], bienvenid@ a la realidad, de nuevo”.

La realidad, por supuesto, significa nuestra realidad, es decir, lo que ocurre de puertas del salón, tan mono y feng shui, hacia dentro. De esta forma se supone que entendemos todos que la violencia, su caos y su valor en términos de dolor añadido, es propio de “otra realidad”, algo, por tanto, más cercano a la ficción que al reportaje. Sorprende esta forma de verlo en un país, esta España, donde la violencia no nos es, para nada, ajena y el terrorismo ha sido una constante en los últimos años. Quizá los que vivimos aquí, también vivimos el terrorismo de ETA o las bombas de Atocha como algo que sucede “en otro lado”, aún habiendo sufrido bombas y tiros en alguna ocasión en nuestras propias comunidades, en nuestras propias ciudades, aunque eran “los otros”, siempre son “los otros” las víctimas y siempre vienen “de fuera”, los criminales, los que ponen las bombas.

Sin embargo, basta haber visitado alguno de los lugares afectados, puede ser Yugoslavia en los 90 o Atocha hace mucho menos para comprobar cómo el terror y la violencia humana pueden afectar a las comunidades más similares a las nuestras: ahí al lado, aquí mismo, junto al kiosco donde compras el periódico del domingo con el semanal, ese símbolo de civilización frente a la barbarie, al pie de ese kiosco de Atocha, junto al Imaginarium donde le compras una peonza luminosa a tu hijo, murió un tipo exactamente como tú, tan único, tan aficionado al fútbol, tan padre de familia… tan prescindible. Basta darse cuenta, gracias a tu pantalla plana de alta definición, en el salón donde te tomas la Mahou esa tan fresquita, fíjate, que los tipos de las camillas en Afganistán o Irak, los afectados por el terremoto o el corrimiento de barro en algún remoto lugar de centro ¿o era sud? América, perdón, américa, que esa américa se escribe con minúscula, muchos de ellos visten camisetas con el logo de Calvin Klein o zapatillas Adidas, o les gusta(ba) la Coca-cola y quisieran comprarse/haberse comprado un Toyota y tener un sofá de Ikea en su salón desde donde poder ver que esta vez somos nosotros los que saltamos por los aires, que, en esa película gore de matanzas y guerras más o menos declaradas, de hambrunas o tifones, esta vez somos nosotros los protagonistas y es nuestro sofá de Ikea el que aparece reventado y lleno de sangre mientras ellos, claro, siguen aposentados en la realidad, en su realidad. Que debería ser más parecida a la nuestra, algún día.

Violencia de seudo-ficción (allí, del otro lado del plasma), tragediasTM mezclada con indolencia y perplejidad (aquí, de este lado del plasma). Mala cosa, mala mezcla para alimentar nuestras sobremesas. Habrá que repasar a Susan Sontag.

viernes, 12 de diciembre de 2008

Sic


He soñado

con una cafetería

de un pueblo encantador

donde Mario Benedetti

me servía un café.


A Don Mario se le veía

sin bigote

y muy bajito

(apenas levantaba del mostrador).

Ahora que lo pienso,

quizá fuera Albert Einstein

y yo lo sentía Benedetti

(los sueños tienen estas cosas).


Yo había llegado allí

como alumno,

a tomar un curso

de Poesía Simbolista (sic)

y, por lo visto, un café.


Debatíamos,

frente a la benéfica mirada

de Benedetti,

sobre un texto de Thomas Mann,

o quizá fuera de Goethe

(los sueños con alemanes

tienen estas cosas).


Al poco, paseábamos

por una ciudad lluviosa

y presenciábamos

la inauguración de un hotel

de decoración extraordinaria:

en la fachada,

por los balcones,

y dispersas por la plaza,

estatuas de bronce y óxido,

tótems, emblemas, figuras

de oscura factura,

de extraño significado.


Alguien, otro alumno,

me hizo observar

que el edificio era uno más

de la cadena “Dark Hotels” (sic)

–estética gótica, ya sabes, dijo,

(los sueños con poetas

tienen estas cosas).


Y yo, soñando, pensaba

que, puestos a soñar,

prefería la cafetería

con la mirada de Benedetti,

y con mi café,

pero los sueños tienen estas cosas,

se dejan soñar

pero no se dejan (sic)

escoger.

sábado, 6 de diciembre de 2008

¿Genios?...¡ni muertos!


En el suplemento semanal de El País de la semana pasada, el artículo firmado por Javier Marías se titulaba “Todos los genios muertos”. Para los que no lo leyeran o no les apetezca leerlo completo en el link anterior, me atrevería a resumir el argumento copiando simplemente las últimas frases, a modo de conclusión (descontextualizada) del artículo. Sostiene Marías, Javier, que:

“Da la impresión de que -sobre todo en España- sólo se elogia encendidamente a quienes ya no pueden molestar ni persistir ni hacernos sombra. Da la impresión, incluso, de que alabar así a esos infortunados es una manera de fastidiar a los vivos: "Vosotros no sois genios como ellos, jodeos", parece ser el mensaje. Sería de desear que los escritores, críticos, editores y gacetilleros tuvieran la valentía de percibir la "genialidad" a tiempo, y que se abstuvieran de proclamarla a posteriori, cuando suena inevitablemente artificial y oportunista, incluso si la razón los asiste. La razón también hay que tenerla a tiempo, para tenerla de veras”.

Unas líneas antes Marías menciona a Bolaño, Foster Wallace y Alberto Méndez como, me atrevo a interpretarlo así, genios (o quizá no tanto) no reconocidos (o quizá demasiado) hasta después de muertos. Del primero dice que “pasó muchos apuros económicos” y que “no fueron muchos los críticos y colegas y editores que apostaron por él cuando estaban a tiempo de hacerlo un poco más feliz”. De Foster Wallace que “solía aparecer en enumeraciones muy largas de “nuevos valores literarios” de su país” (las cursivas son mías y las comillas de Javier Marías). De Alberto Méndez (“Los girasoles ciegos”) un autor que le “ha parecido prometedor y aplicado, pero no más que eso”.

Es cierto que Méndez no tuvo, desgraciadamente, reconocimiento (literario) en vida si exceptuamos que fue finalista del Max Aub y recibió los premios Setenil y el de la Crítica; el premio Nacional de Narrativa lo obtuvo un año después de su muerte. Sin embargo Bolaño y Foster Wallace sí lo tuvieron, el reconocimiento en vida, me refiero. Podría discutirse lo tardío en el primer caso (de la mano de Herralde) o lo precoz en el segundo, pero ambos obtuvieron premios de prestigio, alabadoras críticas y disfrutaron de la admiración de muchos de sus colegas.

De alguna forma, al leer el artículo de Marías –pero claro, igual entro al trapo de la provocación, sin más– no puedo evitar oler un tufo horripilante a muerto innecesariamente removido, injustamente calificado y groseramente mencionado y mal resumido y apreciado. No creo que Bolaño, Foster-Wallace y Méndez se merezcan esa (des)calificación. No creo tampoco que en la nómina de la buena literatura quepan sólo algunos y escasos elegidos ¿por quién?, ni que se precisen necesariamente carreras reconocidas en el momento de la producción de su obra. Sobran ejemplos. Y eso no descalifica su reconocimiento aunque sea tardío, aunque sea tras su muerte. Si la sentenciosa frase de Marías “la razón hay que tenerla a tiempo, para tenerla de veras” suena a refrán malintencionado por su parte, “más vale tarde que nunca” sería su adecuado contra-refrán en este contexto. ¿Por qué le cuesta tanto a Marías –y supongo que de ahí todos cojeamos – escuchar alabanzas a obras ajenas, a obras realizadas por colegas de profesión? Pero de eso a sentirse ofendido, perseguido, (“jodeos”, dice) por glosas a egregios fallecidos, parece exagerado, hasta para el campeón olímpico de los narcisistas, si lo fuera, que no es el caso. No existe esa disciplina olímpica, me refiero.

Yo no dudo que Marías es (también, como los anteriores) un “genio”, palabra probablemente excesiva y siempre generosa, pero, a veces, parece querer desmentirse. En el diccionario de la RAE (su RAE), la acepción más adecuada para el uso que le da Marías a esa palabra, a “genio”, es “capacidad mental extraordinaria para crear o inventar cosas nuevas y admirables” y por tanto la “persona dotada de esa facultad”. Creo que los tres mencionados admiten esa definición. Justo (y elegante) sería que Marías bajara de su ego unos instantes, sin hacerse daño por favor, y lo reconociera aún post-mortem.

Supongo que, al final, la razón hay que tenerla, argumentarla y, si fuera posible, condimentarla con otros valores, por ejemplo elegancia, pero no condescendencia y, para nada, vanidad, tanta vanidad. “La vanidad es una mala dieta para amar” dice Martín Buscaglia.

Y no sé por qué escribo esto, al fin y al cabo, a mi Javier Marías… ¡ah sí!, ya recuerdo, porque Bolaño, Foster Wallace y Méndez están entre lo mejor que he leído en los últimos dos años.
Eso era. Eso.

lunes, 1 de diciembre de 2008

Nota del T. (arado):


En estos días que tanto se oye hablar de un colegio público donde se quiere descolgar un crucifijo por orden judicial, de repente me cruzo en el camino con un pie de página, o mejor debería decir, para no salirme del ámbito semántico adecuado, tropiezo, camino de mi Gólgota particular, con una “Nota del Traductor”, que me ofrece muchas preguntas y, como siempre, escasas respuestas. Es lo que tienen las notas al pie: son como esas soluciones que plantean más problemas. Díganselo a David Foster Wallace, si lo ven.

La nota al pie a la que me refiero está en el relato “Great Falls” del libro de Richard Ford (muy recomendable) titulado “Rock Springs”, Compactos Anagrama, 2004, página 38. En el cuerpo principal del relato se lee:

“Fue en una noche de esas cuando nos sobrevino la desdicha. Era a finales de octubre. Lo recuerdo porque aún no había llegado Halloween(1), y en las ventanas de las casas por las que pasaba todos los días camino de la escuela de Great Falls la gente había puesto faroles de calabaza y espantapájaros sentados en las sillas de los jardines”.

En la Nota del T. que clarifica la palabra “Halloween” con el superíndice “1”, Jesús Zulaika, o sea, el “T.” en cuestión, pone: “El 31 de octubre, víspera de Todos los Santos. Los niños norteamericanos acostumbran celebrar esa fecha disfrazándose y recorriendo las casas del vecindario para pedir golosinas. Son tradicionales en esta fiesta las calabazas huecas, con ojos y boca iluminadas desde el interior con velas encendidas”.

De la “Nota del T.” me llamó la atención, además de la escasa precisión sincrética del T., el hecho mismo de que se viera forzado a explicar al lector el significado de la palabra “Halloween”, que, creo yo, está bastante incorporada a nuestra cultura y no precisaría más aclaración, quizá menos, que, en la misma página, “coréguns”, “ánsares moteados” o “barnaclas canadienses”, las cuales, desde mi particular ignorancia cinegética, soy incapaz de imaginar, por lo que sí me gustaría ver ancladas a una Nota al Pie específica, en plan Jara&Sedal.

A lo que iba, que se me va el discurso disgresivo…¿llegará un momento que en nuestras escuelas públicas los crucifijos estén tan convenientemente descontextualizados que exijan una “nota al pie”? o, por el contrario ¿necesitamos que Burton, Tim Burton, nos haga un “Pesadilla antes de la Semana Santa”, para contextualizar adecuadamente el crucifijo y librarlo de malsanas asociaciones pretéritas?

No sé, la Nota del T. me ha dejado intranquilo, me sigo preguntando: ¿Por qué Halloween es ya más real que la fiesta de los mozos de la mili? ¿Por qué se siguen celebrando en los pueblos de España las fiestas de los mozos cuando ya no hay mozos, ya no hay mili y, en cambio, sigue habiendo guerra y soldados que se mueren, matan o los matan? Es más: ¿podría haber canciones con notas al pie? Imaginemos: “Bulería(1), bulería, tan dentro del alma(2) mía”,

Nota del (supuesto) T. de Bisbal (-esnotienenrebedio): 1) palo flamenco más típico de Jerez de la Frontera, generalmente de tres o cuatro versos octosílabos. Suele emplearse como estribillo de otros palos flamencos, como por ejemplo la soleá; 2) principio o entidad inmaterial e invisible que poseerían algunos seres vivos, por ejemplo, los ánsares, incluso los moteados, cuyas propiedades y características varían según las diferentes tradiciones y perspectivas filosóficas. V infra en voz "FAES".

Pero no, si me meto en perspectivas filosóficas que definan el alma de los ánsares, eso debe ser de Educación para la Ciudadanía y, entonces, mejor lo digo en inglés, que así lo recomienda Camps, ese librepensador:

For God’s Sake, take the crucifix out from our public schools, please.

Do you understand, Francisco?

martes, 25 de noviembre de 2008

Regresión al futuro

Me estoy leyendo un libro, un libro… raro: se titula “Homo sampler” y lo firma Eloy Fernández Porta (EFP). Su anterior aportación al mundo de las ideas se tituló “Afterpop”. En este link se puede ver una interesante reseña. El libro es raro pero muy interesante, como casi todo lo raro… como las momias. Y digo raro, aunque quizá debería decir complejo, difícil, tal vez porque hay un montón de citas, gags y referencias diversas que no siempre entiendo, quizá porque no leí Afterpop, o porque he leído menos comics que él, he visto menos tele (sobre todo series) que él, o he oído menos música (sobre todo trash y trash metal, mucho menos ¿casi nada?) que él. Pero como todo buen libro, y éste, indudablemente, lo es, abre ventanas, hay unas cuantas sabrosas ideas, insisto, unas cuantas, no sólo una (que es lo que me pasó con mi último ensayo deglutido –Storytelling de C Salmon– y en eso estoy de acuerdo con Vicente Verdú), unas cuantas ideas, digo, muy aprovechables, o mejor dicho, iluminadoras. Ahí van algunas, pocas, entresacadas de tanta erudición.


Idea número uno: el concepto “Ur”, sufijo que denota lo primitivo: así Ur-pop, el pop primitivo, primigenio, sin aditamentos, en toda su ingenuidad pop. Sin (falsos) intelectualismos, sin (forzados) postmodernismos. Tal cual, como de las cavernas, ur-pop que habrá que tocar, digo yo, con púas de sílex. Ur-pop: nostalgia de bakelita, tele(funken) en BN, discos de vinilo, zapatillas de lona, nostalgia de la nostalgia…


Idea número dos (paralelo psicoanalítico a la idea número uno): la regresión como posición de partida de lo pop, la performance como espacio maternal, uterino, la posición infantil, la actitud de no querer ser adultos (i.e.: K Richards subiéndose a un cocotero).


Sin quitarle razones a EFP, que tiene a toneladas, o precisamente por eso, por añadir otra razón más, mi posición, mi punto de vista, es algo diferente, ya lo he escrito antes, es sólo por abundar, por explicarme: ¿Puede existir una intención genuinamente adulta en el pop? ¿Podríamos intentarlo, aún con la pinta que se nos ve en la foto que ilustra este punto? ¿Sería muy trasgresor reivindicar, desde esa regresión que es la canción pop, el futuro, ser, por tanto, trangresor y regresivo simultáneamente, en extraordinaria paradoja freudiana? Desde esa posición, podríamos pensar que sería genuinamente alternativo –incluso necesario– intentar contar en 3 o 4 minutos algo sobre la corrupción (i.e. la Librilla-conection), el síndrome “Thader-jao la tarjeta echa unos zorros”, o en inglés, “shop-till-you-drop”, la necesidad de disfrazarse ocasionalmente y salpimentar la rutina, burlarnos de nuestra cibergadget-adicción, de nuestra seudocultura hecha de retales zurzidos, you sampler-man, y tantas otras cosas.


En otros tiempos y en otro lugar, a lo que aquí siempre hemos llamado canción-protesta y hemos dejado prácticamente sólo para el ámbito de los cantautores, a las canciones que hablan de la actualidad, de lo que importa, a esas canciones que ejercen de titulares de la actualidad, de slogans a veces simples pero necesarios, y que animan a discutir y matizar después, se les llamaba topical songs. Se hablaba de lo actual, por supuesto, lo hizo Dylan, a partir de la inspiración de WG (en la

foto) y todavía lo hace Neil Young, ese Ur-folkie. Da que pensar que algunas recopilaciones de estas canciones abarcan el periodo ¡1926-1953!, casi el

jurásico, el retropop. Entonces la cuestión permanece: ¿se puede ser pop-regresivo e intentar hablar, incluso, de lo actual? ¿Por qué hacer perder el TiempoTM a la gente que oye Canciones© contando lo mal que te sientes porque te ha dejado tu chic@? ¿Por qué no cantar de VerdadTM?


A mí me gustaría que ambicionáramos algo que, sin desmerecer a nadie, se parezca a ese poema de intenciones que escribió Nicanor Parra,


Durante medio siglo

La poesía fue

El paraíso del tonto solemne.

Hasta que vine yo

Y me instalé con mi montaña rusa.

Suban, si les parece.

Claro que yo no respondo si bajan

Echando sangre por boca y narices.



Esas canciones atrevidas, expuestas y arriesgadas son las que yo quisiera oír, canciones por las que apostaría, las que intentaría, capacidad y talento mediantes, firmar. Canciones de verdad, de nuestra verdad, nuestras canciones. No es que las demás no me gusten, claro que sí, es que, como también dijo Nicanor Parra, en pleno alarde regresivo, no sé si se me entiende. Lo que quiero decir es otra cosa.


Eso es: a veces hay que decir otras cosas. Habrá que intentarlo.


sábado, 22 de noviembre de 2008

Haciendo el Indie el 20-N




Ayer, 20-N, día famoso por ser en el que celebran su cumpleaños Don DeLillo y Bo Dereck, por destacar dos de nuestros iconos, tuvimos, de nuevo, la ocasión de “hacer el indie”.


Y sí, ya lo sé, el término indie define más, pero incorrectamente, nowadays, un estilo musical, un sonido. Y nosotros no tenemos, exactamente, todavía, un sonido. Tenemos, como mucho, una actitud, intención, ganas, voluntad de hacer el indie.


Hacer el indie, aunque el indie es otra etiqueta desgastada, fagocitada por las Majors o las Multies, hacer el indie como sinónimo de libertad, de no me importa intentarlo, seguiré aprendiendo, lo haré mejor. O quizá no, pero lo haré, lo pasaré bien. Uno de los primeros o más famosos fanzines indies se llamaba “Are you scared to get happy?”. Y las momias no tienen miedo, faltaría más.


Anoche, en Molina, 20-N, aniversario de la muerte de… Robert Altman, hubo buenos momentos seguro, algunos, los que estuvieron, nos recordarán con pelucas y gafas-láser, perfectamente disfrazados por nuestra cara B.


En Guanábana-Jam, estupendo local dirigido por Antonio Santos, al que agradecimos allí y volvemos a agradecer aquí, su amabilidad y su sensibilidad.


Anoche, en Molina, 20-N, aniversario de la Declaración de los Derechos del Niño, nos dejaron serlo y hacer el indie y, como ellos, como nuestros niños, disfrutamos del juego.



miércoles, 19 de noviembre de 2008

Gran concierto, off Broadway


Si queréis conocer algunos de los nuevos temas y repasar los del viejo CD con nosotros: próximo concierto MAÑANA JUEVES 20-N A LAS 22,30 EN GUANABANA-JAM, CAFÉ-CONCIERTO, en Molina de Segura, en la Plaza de la Cerámica, 6 (cerca de la Policía, por si hablamos de más).

¡NOS VEMOS, AMIGUITOS!
(homenaje a ECDLHM-Nikki)

El Sintetizador Acústico

1934. Laures Hammond y el teclado del rock

Un relojero estadounidense diseñó el único sintetizador que, de momento, no ha podido ser imitado a la perfección por los nuevos aparatos digitales. No es extraño: recrear el sonido de esta mítica lavadora es casi tan complicado como “renderizar” el viento. Se trataba de un órgano eléctrico basado, a pequeña escala, en el mismo sistema de síntesis de dinamos del Telharmonium. Fue el primer instrumento popular de la historia que no se desafinaba. Su creador, Laurens Hammond, hizo inmortal su apellido al bautizar con él a su criatura: el órgano Hammond.
A imitación de los órganos de tubos de las iglesias, el Hammond contaba con dos teclados superpuestos de 61 teclas más un tercero de 25 para los bajos que se accionaba con los pies. Otro ingeniero de la épica, Don Leslie, desarrolló un altavoz giratorio instalado sobre un motor que rotaba a diferentes velocidades. Este sistema de amplificación extra, llamado Leslie, es en gran parte el responsable de su peculiar timbre y una de las razones que lo hace inimitable. Era un extra que se adquiría por separado, a pesar de que Don Leslie intentó vender el invento a la compañía Hammond. Pero Laurens se negó: no quería nada que ensuciase el pulcro sonido de Su órgano. Los músicos tenían otra opinión al respecto y el altavoz Leslie se convirtió en complemento imprescindible.
El instrumento –relativamente barato, extremadamente resistente y con un sonido rico y expresivo– fue rápidamente adoptado por los músicos de jazz y blues de los años 40. Estaba tanto en los bares como en las iglesias, donde servía a los coros de góspel. La compañía prosperó y fue desarrollando distintos modelos siempre fieles al sistema de dinamos y rotores de los primeros prototipos. En la década de los 50 se convirtió en el teclado del rock and roll. La compañía aumentó su catálogo con nuevos teclados portátiles. Surgieron otras muchas compañías que desarrollaron instrumentos a partir del mismo sistema de síntesis, pero Hammond siguió siendo el rey. Hasta que llegaron los 70.
Laures Hammond murió en 1973. Su compañía le siguió a la tumba pocos años más tarde. Los músicos habían dado la espalda temporalmente a estos instrumentos en favor de otros sintetizadores más avanzados. Al morir el fundador, los nuevos directivos decidieron abandonar la producción de sus clásicos órganos para embarcarse en la fabricación de nuevos instrumentos. Un gran error, la empresa quebró dos años después y, desde entonces, la marca ha dado tumbos de propietario en propietario. Una historia similar a la de Harley Davidson, que en los años 80 se puso a fabricar scooters para competir con las compañías japonesas, pero sin final feliz. Esta marca volvió a sus orígenes años después y transformó sus motos en artículos de lujo. Hammon, sin embargo, fabrica hoy unos teclados que parecen casiotones y no ha vuelto a recuperar su antigua grandeza.
La historia le daría la razón a Laures Hammond, que insistía en no abandonar los órganos clásicos, confiado en que su sonido volvería a estar de moda. Durante la década pasada, el acid jazz y discos como Scremadelica de Primal Scream abrirían nuevas posibilidades a este instrumento que se ha convertido en un artículo de coleccionista.



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¡Pep, uno de estos!, ¡Uno de estos!.
4ª y Ultima entrega. Suerte para mañana.

martes, 18 de noviembre de 2008

Strawberry fields forever

1963. Leslie Bradley, Harry Chamberlin, The Beatles y el Mellotron.


¿Para que diablos puede querer alguien setenta cabezas lectoras de cinta magnética? La pregunta se la hicieron los hermanos Bradley –Leslie, Frank y Norman– cuando, a principios de 1962, recibieron un misterioso pedido del estadounidense Bill Fransen que cambiaría la historia de la música. Los Bradley administraban una pequeña empresa familiar de componentes electrónicos, Bradmatic, en Inglaterra. Los encargos no solían ser tan grandes.
Dieciséis años antes, otro estadounidense, Harry Chamberlin, había diseñado un instrumento al otro lado del Atlántico cuya alma eran esas cabezas lectoras. Se trataba de un pesado teclado que emulaba sonidos reales mediante cintas magnéticas. Bajo cada tecla había una cabeza lectora y una pequeña cinta magnética en la que estaba grabado el sonido perfectamente afinado. Chamberlin bautizó con su nombre al instrumento y, en 1960, abrió una tienda en California donde comenzó a producirlo de forma industrial.
El Chamberlin tenía algunos problemillas de diseño. Cada dos por tres la cinta magnética se partía y había que llevar el instrumento de vuelta al taller. Pese a todo, las ventas iban razonablemente bien y el negocio fue creciendo. Tanto que Harry contrató a un vendedor para que le ayudase a ampliar mercados: Bill Fransen. Sí, el mismo Bill Fransen del pedido misterioso. No fue una buena idea.
Dos años más tarde Fransen abandonó a Chamberlin y se fue al viejo continente a la búsqueda de nuevos socios con los que prosperar.
Volvamos con los Bradley. Tras recibir el misterioso encargo, picados por la curiosidad, se reunieron con Fransen, que les mostró uno de los teclados que fabricaba Charmberlin. A Leslie Bradley le apasionó su sonido. Un año más tarde, en 1963, estaba en las tiendas inglesas el Mellotron, la versión británica del diseño de Harry Chamberlin con sustanciales mejoras sobre el original. La cinta ya no se partía y los sonidos, aunque menos fieles al original, eran más precisos en su ejecución.


Los Bradley –engañados por Fransen, que les vendió el teclado como un prototipo propio para después desaparecer– desconocían que estaban infringiendo una patente estadounidense hasta que Harry Chamberlin se presentó en Inglaterra, en 1966, reclamando la paternidad del invento. El problema se solucionó de forma amistosa con 30.000 dólares de los de entonces de por medio. Harry regresó a California con el dinero bajo el brazo, donde continuaría fabricando nuevos modelos de su teclado durante los años siguientes y Leslie Bradley siguió desarrollando su Mellotron en tierras de su real majestad. El pacto entre caballeros incluía un reparto de mercado: para ti Estados Unidos, para mí Inglaterra. Chamberlin se quedó con el lado malo.
Al año siguiente de este acuerdo, en 1967, The Beatles grabarían en Abbey Road una de sus canciones más conocidas, “Strawberry fields forever”, una psicodélica melodía que comenzaba con un sonido de flautas grabado con un Mellotron. La compañía comenzó a cabalgar sobre el éxito de los cuatro de Liverpool. Su disco emblemático, el “Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band” también haría uso de este teclado. Tras popularizarlo The Beatles, la lista de artistas que después se dejarían hechizar por sus peculiares sonidos es interminable. El rock sinfónico de los setenta tomaría el relevo, con grupos como Yes. Hasta que llegaron el sampler y los Sex Pistols.


La compañía quebró a finales de los setenta. Al punk no le interesaba nada tan caro y pesado como estos instrumentos. Leslie Bradley fundó una nueva empresa que vendía los mismos teclados pero, durante la bancarrota, tuvo que desprenderse de la marca Mellotron. Su nuevo instrumento, el Novatron, sobreviviría hasta 1987 aunque nunca logró ni la décima parte de las ventas que sus anteriores diseños. Eran otros tiempos y la competencia de los instrumentos digitales no dejaba demasiado espacio para un pesado teclado de cintas magnéticas.


La década siguiente, los noventa, reivindicaría tanto a The Beatles como al Mellotron. Grupos como Oasis o Radiohead recuperaron su sonido. En la actualidad, el hijo de Leslie, John Bradley, trabaja junto a un equipo de ayudantes como restaurador de estos viejos teclados, auténticas piezas de coleccionismo. En su familia, nadie se pregunta ya para qué demonios hacen falta tantas cabezas lectoras.

3ª Entrega de CulturTecla, a dos días del Concierto. (Ya tengo el micro PEP).

lunes, 17 de noviembre de 2008

ANDY VIAN vs BORIS CHANGO


Boris Vian murió en un cine, viendo proyectarse una película, “Escupiré sobre vuestra tumba”, basada en uno de sus libros, uno de tantos políticamente incorrectos que escribía con seudónimo. A Boris no le gustaba cómo iba quedando la película y tuvo desavenencias con el director y los productores hasta que se retiró del proyecto. Acudió al preestreno de incógnito, tan de incógnito que nadie se dio cuenta de que había muerto hasta que encendieron las luces de la sala.

A Boris Vian lo leí, pero hace demasiado, quizá cuando tenía unos 20 años: “El arrancacorazones”, “El lobo-hombre”, “La hierba roja”, “Escupiré sobre vuestra tumba” y “Que se mueran los feos”. Como de tantos libros no recuerdo demasiado bien los argumentos y sí que los leí con cierta fascinación porque 30 años después de su publicación, seguían siendo obscenos, incómodos, transgresores, primitivos. Ur-literatur que diría, digo yo, Eloy Fernández Porta.

Recuerdo poco después cuando oí por primera vez “Lobo-hombre en París” de aquel grupo: “La Unión”, ya sabéis: auuuuu lobo-hombre en… Me pareció un milagro que alguien hubiera cogido la historia de uno de mis autores preferidos, de esos que uno atesora con la intención de comentarlo sólo con los amigos, y lo hubiera transformado en una canción que todo el mundo se sabía de memoria. No sé si hicieron mucho por difundir su obra, no sé si era necesario…pero ha vuelto a suceder.

Andy Chango, uno de tantos argentinos talentosos que han decidido contagiarnos su inteligencia, deja de lado, momentáneamente, espero, los discos alucinados y algo broncas (véase por ejemplo el temita “Drogarse en familia”) y se sumerge en el mundo de Boris Vian y nos regala, por menos de 20 €, con unas estupendas versiones traducidas/adaptadas al español (con ayuda, que se agradece, de Luis Antonio de Villena y de Javier Krahe) de “Rock’n roll Mops”, “Je bois” (“Beber”), “J’suis snob” (Snob), “Le fêtard” (El juerguista) y otras. Es una pena que “Le deserteur”, un precioso himno antibélico que, en su momento, le supuso más de un problema a su autor, se haya traducido en el CD ¡al inglés! A lo mejor es para que lo oiga Bush, aunque no creo que lo entendiera, sobre todo lo de “If there’s gonna be blood shed / why shouldn’t some be yours / with all that you have done and said/ yes you, mister president”. Bueno, esperemos al menos que Obi-One tome nota.

Pero lo mejor para mí, está en el corte 12: “No quisiera morir”, tomada de un libro de Vian de poesías sencillas, más próximas a la canción, a él siempre le gustaron las canciones, un librito publicado tres años después de su muerte, es decir, en 1962 y cuya traducción al español [Juan Antonio Tello. Hiperión] se editó en 2003, o sea, hace nada. Transcribo para degustación e iluminación, si fuera posible, de algunos letristas (no te preocupes Melendi, lo tuyo es otra liga) de los que ya se ha hablado en otros posts:

No quisiera morir / antes de conocer / los monos del Brasil / que duermen sin soñar, / los zorros de Moscú / devorando el jardín, / las arañas de plata, / de seda y de rubí. / No quisiera morir / sin saber que la luna/ redonda disimula/ el filo de una hoz, / si en las cuatro estaciones/ caben tres primaveras, / si hace frío en el sol. / Sin haber paseado / vestido de mujer / por un gran bulevar, / sin haber penetrado / en las turbias miradas, / sin entrar en tu casa / por la puerta de atrás. / No quisiera morir / sin conocer las llagas / ni cualquier enfermedad / que nos hace sufrir./ El contagio del mal / o el contagio del bien / si se estrenan en mí / me echaría a reír./ Y también, cómo no, / lo que ya conocí / en el fondo del mar, / donde bailan un vals / el pulpo y el delfín/ y la hierba de Abril / y el olor a resina / y el perfume en la piel/ de mi clara madame, / mi amante, mi heroína, / mi peluche cruel,/ mi eterno manantial./ No quisiera morir / sin haber agotado / mis labios en sus labios,/ mi todo con su todo,/ su todo con mis manos, / su infinito tesoro,/ mi amor desmesurado. / No quisiera morir/ sin que se haya inventado/ la rosa permanente,/ el ocio laboral, / el mar en la montaña, / la montaña en el mar, / el dolor que no daña/ y la sombra en color. / A los niños volando/ y al ingenio inventando/ la vacuna total, / la aventura espacial, / fontaneros baratos, / los monarcas en cueros,/ arquitectos modestos,/ abogados sinceros, / tantas cosas que ver, / tantas cosas que oír,/ tanto por esperar/ contra la oscuridad./ Y ahora veo el final / que se acerca hacia mí,/ que me quiera besar / con besos de marfil,/ que me quiere llevar. / No quisiera morir / sin dejar de probar / a la gélida novia,/ la de gusto más fuerte,/ el sabor que me agobia./ No quisiera morir / sin dejar de probar / el sabor de la muerte.”

[Boris Vian traducido & adaptado por Javier Krahe-Andy Chango ©Rosevil Prod SL/Andrés Fejerman]

Otra oportunidad de aproximarse a Boris Vian, 1920-1959. Vivió varias vidas en sólo 39 años. Merece una visita.

Cuando los sintetizadores dominaban la Tierra

1906. Thaddeus Cahill y el Telharmonium (Rex)

El primer sintetizador que tuvo repercusión más allá de las páginas de curiosidades científicas de los periódicos fue un aparato portátil muy particular. Sólo se movió una vez e hizo falta un tren de treinta vagones para transportarlo. El Telharmonium, un monstruo que pesaba 200 toneladas y medía más 18 metros de largo, fue para la música electrónica lo mismo que el Eniac para la informática.
Su creador, el estadounidense, Thaddeus Cahill, lo patentó en 1897. Pero su invento no estuvo listo hasta 1906, el tiempo que tardó en reunir los 200.000 dólares necesarios para construirlo. Estaba formado por 145 dinamos capaces de generar distintas frecuencias sonoras. Se controlaba desde varios teclados de siete octavas, que estaban divididas en 36 notas en lugar de las 12 habituales. El Telharmonium tenía un “do”, un “do” sostenido y otras dos teclas más de por medio, cada una de ellas con otro “do” distinto. Y así, con cada nota. No es de extrañar que hicieran falta dos o tres intérpretes y mucha habilidad para ejecutar las piezas más sencillas. Esta innovadora característica armónica fue la inspiración para los compositores más vanguardistas de principios de siglo, como el italiano Ferruccio Busoni y más tarde Edgard Varèse y Luigi Rusolo.
Thaddeus Cahill también fue precursor en el modelo de explotación comercial de su instrumento musical. Aunque nunca lo supo, inventó el hoy tan popular “streaming” de audio. El Telharmonium, conectado a la red telefónica, amenizaba los restaurantes y salones de postín en Nueva York con música en directo. La señal del sintetizador viajaba a través de las líneas de cobre y luego se amplificaba con unas bocinas similares a las usadas en las gramolas. Cahill se asoció con la New England Electric Music Company y empezó a cobrar a sus abonados por este peculiar hilo musical en el que sonaban piezas clásicas al gusto de la época, como Mozart o Bach.
La transmisión sufría los mismos problemas que ahora: caídas de volumen y pérdida de calidad, así como un “gruñido altamente irritante en los graves”, según afirman testimonios de la época. Pese a ello, el negocio funcionó durante una larga temporada. El monstruo habitó el “Telharmonic Hall", una planta entera del teatro situado en la esquina de la calle 39 y Broadway, en Nueva York, durante dos décadas.
Tras el primer modelo se construyeron otros dos, mayores y más caros, hasta que la estrella de la radio musical lo mató. Durante los años 20 circuló el falso rumor en la gran manzana de que había sido un hombre de negocios, indignado por las interferencias que producía la señal del Telharmonium en su línea telefónica, el que había acabado con el sintetizador lanzando sus piezas al fondo del río Hudson en un ataque de furia provocado por “esos irritantes graves”. Lo cierto es que, tras una larga temporada en un almacén, fue desguazado en los años cincuenta pese a los intentos de los herederos de Cahill, que falleció en 1934, por encontrar algún mecenas que se hiciese cargo de los huesos del dinosaurio.
No se conserva ninguna grabación del Telharmonium. Una lástima, tal vez los incomprendidos gruñidos de sus bajos hubiesen tenido el mismo éxito que la TB-303 durante la eclosión del “house”. Pero podemos hacernos una idea de su sonido al escuchar los populares órganos Hammond, que aprovecharon años después la tecnología de dinamos desarrollada por Cahill. Como con el gigantesco Eniac, cuya capacidad de cálculo hoy está ampliamente superada por cualquier calculadora de bolsillo, los sucesores del Telharmonium fueron bastante más pequeños.

Dedicado a nuestro querido teclas Pep Momia (2ª Entrega)

viernes, 14 de noviembre de 2008

La interferencia que surgió del frío


León Termen, Lenin, Stalin y el theremin

Rusia, 1917. Mientras el Partido Comunista se hacía con el poder en Moscú y la familia del Zar era fusilada, un ingeniero de radio aficionado al violín nacido en San Petersburgo, León Sergeivitch Termen, construía uno de los sintetizadores más asombrosos de la historia: el theremin. Un mágico instrumento que se manejaba sin necesidad de tocarlo, moviendo las manos alrededor de unas antenas de metal, conjurando cada nota en el aire. La imagen de un theremin en funcionamiento, que hoy sigue resultando hipnótica, causó furor en todo el mundo.
Durante las primeras dos décadas del siglo XX, varios investigadores trabajaron en el diseño de un sintetizador capaz de modular notas a partir de osciladores y válvulas de vacío, la tecnología que utilizaba la radio. El principal obstáculo era que estas válvulas sufrían fuertes interferencias cuando una persona se acercaba a ellas. No era un problema menor. Sobre el papel, los instrumentos funcionaban. Pero cuando se construían resultaban imposibles de tocar: desafinaban con los simples movimientos del intérprete. León Termen encontró la manera de cuadrar el círculo. Convirtió el defecto en virtud, la interferencia en música.
El theremin estaba compuesto por dos osciladores de radio frecuencia. Uno de ellos producía una onda constante, de 170.000 hertzios, mientras que el otro dependía de la proximidad de un objeto a la antena para crear una frecuencia entre 168.000 y 170.000 hertzios. Mezclando estas dos ondas se creaba una tercera igual a la diferencia de los dos osciladores: una frecuencia entre 20 y 20.000 hertzios, el tipo de ondas que los humanos podemos escuchar.
El primer prototipo utilizaba un pedal para controlar el volumen de cada nota que luego, cuando el theremin empezó a fabricarse de modo industrial, fue sustituido por otra antena de forma circular. El instrumento causó sensación en la Feria Industrial de Moscú de 1920 y el propio Lenin le pidió clases particulares a Termen, además de encargarle 600 modelos que fueron exhibidos por toda la URSS.
Tras la muerte de su protector, Lenin, León Termen huyó de la URSS para refugiarse en Estados Unidos. Allí patentó su invento, que comenzó a venderse por todo el mundo de la mano de la compañía RCA. Con el dinero que logró, Termen construyó un laboratorio en Nueva York, donde continuó sus investigaciones. Desarrolló varios dispositivos musicales más e incluso una televisión en color que no le dio tiempo a patentar. En 1938 fue raptado por el servicio secreto soviético, que le llevó de vuelta a la URSS. Fue acusado de traición y condenado a muerte. En el último momento, la pena se conmutó por cadena perpetua en Magadan, uno de los más terroríficos campos de concentración de Siberia.
Termen no se rindió. En prisión, continuó sus investigaciones hasta desarrollar el primer micrófono espía del mundo: un diminuto y sofisticado dispositivo capaz de transmitir las conversaciones de una habitación por medio de radio. Su invento se estrenó en la embajada de los Estados Unidos en Moscú y en el apartamento privado de Stalin. Con ese micrófono, Termen consiguió el perdón. Fue puesto en libertad y condecorado con el premio Stalin, el mayor honor al que podía aspirar un científico soviético en aquellos años.
Lamentablemente, León Termen no volvió a ser el mismo tras sufrir el terror de Siberia. Abandonó sus investigaciones en el campo de la música electrónica e incluso llegó a negarse a sí mismo al declarar que la electricidad tenía que reservarse "para ejecutar a traidores en la silla y no para la música".
Mientras tanto, la popularidad de su invento siguió aumentando en Occidente. El inquietante sonido del theremin se popularizó con las películas de serie B de los años 50. Después los Beach Boys lo adoptarían para el pop y, en la década pasada, este sintetizador vivió una segunda juventud gracias al post-rock y la música electrónica. Antes de morir en 1993, León Termen viajó por última vez a Estados Unidos tras el fin de la Guerra Fría. Allí, asombrado, recibió varios homenajes. Termen desconocía la gran influencia que había tenido su mágico sintetizador al otro lado del telón de acero. También se enteró entonces de que lo que él había bautizado como "Aetherophone", era más conocido en todo el mundo, en honor a su nombre, como theremin.

Dedicado a Pepe Momia Aguilar y su nuevo aparato.