martes, 15 de septiembre de 2009

MANUAL MOMIA DE AUTOAYUDA (8): Cómo evitar adjetivos (innecesarios).


En algún lugar entre Uganda, Congo y Rwanda los niños salen de noche de sus aldeas al camino. Buscan un sitio donde dormir a salvo de los rebeldes. Si no se marchan, probablemente, los rebeldes entrarán en la aldea, los encontrarán, los violarán y/o los matarán. Si no los matan se los llevarán y los convertirán en soldados, en niños-soldado. Más tarde, semanas o meses después, podrían volver a la aldea en la siguiente incursión y ser obligados a matar a sus padres, o a sus hermanos, para demostrar su valor y su lealtad a la causa de los rebeldes. Lo harán a machetazos o con un bate. Así que ellos, cada noche, salen solos o en pequeños grupos al camino. Andan varias horas, varios kilómetros. Con suerte les encontrarán algunos de los cooperantes que trabajan en la zona (hay una misión de la ONU desde 1999 aunque creo que ya no hay militares españoles allí desde 2006) y les ayudarán a pasar la noche a salvo. O tal vez no.

             En algún lugar entre Uganda, Congo y Rwanda sobran los adjetivos. Y también algunos nombres propios, algunas iniciales: FARDC, brigadas de Laurent Nkunda, FDLR, FNI, FRPI,  grupos Mai-Mai, MRC. Todos ellos secuestran niños y/o cometen actos de violación y otra violencia contra niños. Estas iniciales, una vez desarrolladas en sus correspondientes palabras, contienen muchos adjetivos (democrática, nacionalista, patriótica, revolucionario…). Entre líneas, entre los puntos que separan tantas iniciales, sin embargo, sólo se advierte una palabra, una palabra que se viene repitiendo como un eco desde hace siglos: genocidio. Y, con ella, las armas y más motivos de venganza para alimentar el futuro y el horror. 

«¡El horror! ¡El horror!», dijo Kurtz. ¿Cuánto hace que escribió Conrad «El corazón de las tinieblas»? No hace tanto tiempo. No lo suficiente. Hace pocos años Cormac McCarthy escribió “La Carretera” donde desarrolla una receta de horror para el futuro: un niño transitando con su padre por una carretera en un mundo quemado, donde solo quedan cenizas, hambre y la amenaza de ser devorado por animales que tienen la misma forma que tú. El problema de algunas metáforas es que parecen documentales y algunas profecías, recuerdos.

 Desde aquí exportamos con facilidad armas y vehículos de gran tonelaje, pero, por algún motivo que no entiendo, no conseguimos exportar Derechos Humanos, que seguro que pesan bastante menos y son más fáciles de entender, y no precisan de libros de instrucciones, ni cambiar de cultura ni de religión. Tecnología disponible (y olvidada) desde el siglo XVIII. 

Seguro que eso incrementaría nuestra economía, nuestra balanza de pagos. Nuestra dignidad. Falta inteligencia, voluntad y valor (sustantivos) y, también, a pesar de todo, nos faltan noticias. Este video está en inglés (como la publicidad de perfumes que oímos en Navidad). Dura 12 minutos (como el tiempo dedicado a esa misma publicidad entre dos cortes de una mala película que no consigues apagar, atascado en el sofá). ¡Ah! y la película que se estrenará pronto basada en “La carretera” de McCarthy seguro que dura más y tiene más presupuesto. Pero también estoy seguro de que no añadirá nada.


Night Commuters

 Me lo mandaron unas personas que trabajan allí —y que dicen que quieren tener alas en su próxima reencarnación: desconocen que ya las llevan (solo les salen alas a los que se las trabajan)— a través de Facebook. No los conozco personalmente, tampoco conozco a esos niños. Nunca había oído hablar de un lugar llamado Kivu, entre Uganda, Congo y Rwanda.

 Ellos trabajan allí. Ellos sí los conocen. A ellos seguro que se les ocurren los adjetivos adecuados.


2 comentarios:

abel jaime dijo...

IMPACTANTE POST.. QUE AJENOS A LA BARBARIE VIVIMOS.. TAN CERCA Y TAN LEJOS
GRACIAS MAESTRO. TE ECHABAMOS DE MENOS

Travis dijo...

Cuánta burocratización de todas estas organizaciones dispensadoras de soluciones internacionales tipo ONU. Seguro que la solución allá es más barata que todo eso, es más barata que asfaltar mi calle que van unas cuantas veces...