lunes, 15 de febrero de 2010

INSTRUCCIONES (1): Destripar una canción.



Estimados fans y todavía amigos:


A partir del presente post iremos destripando, poco a poco, sin saltarnos ninguna, las canciones que componen el nuevo disco de La Momia Que Habla que hemos llamado, con mayor o menor acierto, pero bastante longitud: “Instrucciones (para entender a una momia)”.


Sabemos, desde luego, que las canciones se explican solas, se defienden a sí mismas y que demasiadas explicaciones pueden estropearlas pero, no sé, ¡son nuestras! ¿por qué no estropearlas? ¿no es eso lo que hacen los niños con sus juguetes preferidos? Además, tampoco nos hacen entrevistas que es cuando uno tiene la oportunidad de explicar —y de mentir— sobre el origen, los cambios, esa idea que surge, ese instante… así que lo haremos aquí, sin que nadie nos pregunte. Sin que venga a cuento.


Quizá podríamos hacer como Sabina y Prado y escribir uno (o varios) libros sobre cómo se gestó la cosa y ese momento emocionante en que Los Pereza nos llaman… pero ni tenemos presupuesto ni tiempo (ni Los Pereza nos han llamado nunca). Nosotros siempre en lo indie-gente (este chiste creo que ya lo repito mucho; ya vale).


Las canciones de este CD tienen, en su mayoría, letras cuya interpretación puede ser perfectamente literal (ej: para que a mi nena / no la eduquen los obispos), aunque seguro que cada uno le puede encontrar otra vuelta. Cosas de la polisemia (que no tiene nada —¿o sí?— que ver con la fertilidad) y con los campos semánticos que Supermaño acaba de abandonar no sin dificultad. Otras son más inextricables, crípticas, indescifrables… pero esa que la explique Marisa R si tiene ganas.


Esto será, por tanto, más que romper una canción, destriparlas todas. Añadiremos también tablaturas sencillas y el archivo mp3 de cada canción por si alguien se anima con la guitarra o el teclado o las voces en casa. Ya sabéis, a veces los titulares se lesionan y hay que tirar de suplentes… y una oportunidad de ser Momia no se tiene siempre.


Para este post, baste destripar el MMPHC (método momia para hacer canciones): lo habitual es que yo, o, más bien, mi cara B —ya llegará—, en una situación de necesidad más o menos desesperada de gritarle algo a alguien —a veces de susurrarle al oído—, me arranque en unos versitos rimados que van cogiendo forma alrededor de no más de una sola idea (que uno no da para más… ya hablaremos también de eso). Todo eso se pule, corrige y lima para que acentos y sílabas puedan entrar en posibles frases cantables pero, si no es posible, la siguiente instancia (El Lidl, a.k.a. Abel Momia, a.k.a. MAbel) ya ajustará. Y siempre ajusta (¡).


Por ejemplo, aquí una letra que nunca ha conseguido ser una canción:


NUMEROS EXACTOS:

Lo he calculado/ lo he medido/ (aunque faltó precisión y mucho oficio)./ Lo he deducido/ y he despejado/las incógnitas / de al menos uno de tus lados./ Estoy confuso y tan perdido, / he repetido tantas sumas/ cada paso y cada intento... / me he hecho un lío/ supongo que valorarás mi esfuerzo./ Y no acierto,/ ni siquiera sueño/ en aproximarme un poco más /y al calcular de nuevo/ he derivado/ en el tipo que no encuentra/ el resultado./ Impreciso, fragmentado, / he reintentado, cien mil veces/ me he hecho un lío/ otro proceso, otro nuevo…/ confundido por mi propio atrevimiento/ con las hojas/ malgastadas / te haré un ramo de raíces cuadradas / y demostraré mi teorema / o haré un logaritmo de un poema ./ En resumen: me he perdido,/ lo he pensado tantas veces/ cada paso, los detalles,/ me he hecho un lío/ (me olvidé, al dividir, los decimales)./ He averiguado / sin mucha prisa / la tangente con que adornas tu sonrisa / y he concluido,/ lo he demostrado/que lo nuestro no son números exactos.


Sí, ya lo sé, sospechosamente parecida a “Una décima de segundo” y otras canciones con matemáticas de Antonio Vega pero es que ese chico siempre iba copiándose de poetas menores y copleros amateurs. Y, si no, que venga San Steely Dan (o incluso Bunbury, que él sí que sabe de esto) y lo vea.


Bueno, pues el caso es que el Lidl coge lo de arriba (eso de lo de los números exactos con sílabas totalmente inexactas) o cualquier otra cosa, por ejemplo, el prospecto que acompaña a un supositorio, y va y el tío lo clava. No, no el supositorio, me refiero al texto: lo divide entre estrofas, estribillos, puentes (que yo nunca supe que, además de sobre el río Kwai, existían también en las canciones hasta hace dos años) y empieza con que él la ve así como ese sonido Police o The Clash o Teenage Fanclub o, lo que es peor, todos esos grupos que tú debías conocer pero que no conoces porque te pasaste la adolescencia abducido por el jazz (y sin entender nada). Luego empieza con “aquí veo unos coros soul” y “a ver, esa línea de bajo” y “Pepe ¿no estás muy alto?” y “Josema ¿un pa-para-pa-pa-pauuu? ¿mola?” y así sucesiva y pacientemente hasta que ¡sale una canción!


Milagros. Magia negra. Magia momia: eso es lo que va a ser desvelado aquí, post a post. A propios y extraños.


Porque somos así: transparentes como un sarcófago.


No se pierdan el próximo capítulo: “Hace un buen día”.


De momento, aquí queda la del tipo que se copia:








6 comentarios:

josema dijo...

Así es. Cuanta razón en esas palabras. Eso es la magia de "La Momia", la magia de sus letras, de sus músicas y de sus músicos.

Bill, el de la catana dijo...

Todos sabemos que le copias a Bunbury jajajajajajajajajajajajaja

Pepe Momia dijo...

Al final se ha sabido por qué se llamaban "Héroes del silencio"...

Náufrago dijo...

Un desperdicio que esa letra no se haya hecho canción. Me alegra que haya visto la luz (al menos en el blog).

Loli dijo...

No sabía que las momias pudieran ser tan marchosas. Me gusta el ritmo y la letra. Pasaré a escucharos de vez en cuando.

Abrazos

Mabel dijo...

Esto promete... quizás pueda explicar por fin mi incapacidad para memorizar estos textos infernales
Seguro que Bill tiene ya alguna teoría...