miércoles, 24 de marzo de 2010

INSTRUCCIONES (7): De buenas maneras





A Ch.


Esta es una canción que no me apetece nada «destripar».

Pero lo haré. Creo que se lo debo. Aunque —probablemente— saldrá mal. (Otra vez).

Porque esta canción, como este texto, no llega —lo siento, realmente no puedo— a lo que pretende: no sólo una canción de despedida sino una canción sobre la despedida.

Algo sí tengo claro: esta canción es para una mujer y sólo la puede cantar una mujer. Sí, lo sé: si uno lee / oye lo que dice, no hay ninguna alusión directa al sexo de la protagonista (excepto cuando dice «estoy segura»). Pero es la protagonista. En mi cabeza sólo puede ser ella. Aunque la canción, insisto, no es, no dice, suficiente. Otros lo hicieron antes y mejor.

Y es que hay algunas mujeres que yo veo a menudo. Más a menudo de lo que ellas quisieran, estoy seguro. Apenas nos vemos unos minutos. Generalmente vienen solas. Excepto la primera vez (esa primera vez muchas de ellas suelen venir con su pareja).

Y la primera vez es horrible.

En una novela que nunca publicaré y que habla de esto, intenté (pretendí, en su peor acepción, la de pretencioso) describir la escena así —y ahora, como esta canción, ya no me gusta, quizá porque sé que continúa siendo insuficiente, que no son, para nada, las palabras adecuadas—:
«Una mancha blanca y densa como una luna llena nos alumbraba desde la radiografía de la derecha, y yo notaba esa luz fría como un presagio.
Ella quería vencer a la luna.
— Lo superaremos —dijo.»

Lo he visto en demasiadas ocasiones: ella aguanta las lágrimas —a veces, ni siquiera hay lágrimas; muchas veces hay una sonrisa que es mil veces más triste que las lágrimas— y su pareja se derrumba. Ella lo consuela. Porque ella se siente capaz, no considera otra opción, no hay otra opción: ella va a vencer a la luna.

Y la mayoría lo hace. La mayoría puede con todo eso, con todo lo que viene después.

Pero la mayoría es una palabra demasiado pequeña para esto. Una palabra insuficiente y estúpida que no significa apenas nada. Una palabra que sólo habla de nuestras limitaciones, un paraguas medio roto que deja a demasiadas mujeres a la intemperie.

Cuando todo esto sucede hay una mesa de despacho —mil kilómetros— entre nosotros, entre esa pareja y yo. Y hay un momento cuando, por fin, dejo de hablar, en que ella lo mira a él y a mi me parece —seguramente estoy equivocado, pero no puedo evitar sentirlo así— que los dos saben que hay algo que se ha estropeado definitivamente, un vals torpemente interrumpido por un tipo borracho que se ha colado en la fiesta y ha pronunciado las palabras más inadecuadas, las que nadie quería oír.

Yo soy el portavoz de ese borracho inoportuno. Yo soy el que ha dicho las palabras que nadie quería oír. Supongo que, por eso, esta es la única canción cuya música tiene —una parte— mía. Llevo tocando ese riff con el que empieza esta canción desde que tenía ¿20? años y quería tocar jazz pero, en cambio, estudiaba Medicina.

Nunca he sido capaz de llegar más allá de esos cuatro acordes.

Y es entonces, cuando alguien lo ha estropeado todo, cuando alguien ha derramado la salsa sobre el mantel de hilo mientras contaba un mal chiste, grosero y torpe, aparece la elegancia imposible que solo ellas poseen. Y, palabra a palabra —de buenas maneras— encuentran la frase justa, entra luz en ese despacho que alguien —yo— había oscurecido con malas noticias. Es tanta la energía que se percibe en ese momento en que se secan las lágrimas (si las ha habido), respiran hondo y te miran directamente a los ojos que, a veces, parece que se excusen por si, en algún momento, dejan de hacerse cargo, de poder con todo, como siempre, como hasta ayer mismo. Vuelven a tomar las riendas de la vida, porque saben que la vida son ellas. Tienen cosas que hacer, que decir. Ellas son la vida. La vida, esa sí es una palabra suficiente.

Y la pareja sale del despacho. Entrará otra: puede que ésta, la siguiente, vuelva varios años después del momento que acaba de aterrar a los que se despiden. Justo ahí, cuando me quedo solo ¿sabiendo? lo que sucederá, lo que ahora no ha hecho más que empezar, pienso en cómo se sentirá esa mujer que acaba de irse. Sí, también pienso si habré tenido el tacto suficiente, si no habré sido, otra vez, demasiado brusco, si se acordará de lo más importante — ¿qué es lo importante?— de lo que le he dicho… Pienso en la mujer pero también pienso en esa pareja, que son todos nosotros, cualquiera de los que vamos por aquí, cogidos de la mano por esta fiesta llena de gente, con esos instantes perfectamente preparados para arruinarnos la diversión.

Esa es la despedida de la que habla esta canción.

Así que esta canción es, sobre todo, el testimonio de la impotencia. Lo más lejos que he podido llegar con estas palabras y con ese riff que empecé con 20 años, con esta profesión que me ha ofrecido la oportunidad de un espejo. Un espejo que es una mujer que se despide porque el baile se acaba, porque, aunque es posible que la música siga sonando, después, mañana, ya será otra música, otro baile. Una mujer inmortalizándose con un pequeño gesto, sin hacer ruido, con suavidad, de buenas maneras. Una mujer que te exige que sigas buscándola, que te acuerdes de volverla a imaginar. Ella se las arreglará para poder asistir.

Por eso, sí, es cierto, esta es una canción de amor.

Del amor más allá de cuando todo se interrumpe.

Estúpidamente.




De buenas maneras:

De buenas maneras / habrá que decir / (sin que sea/ una obviedad) /que te deseo con la misma intensidad / del día aquel en que te conocí. / De buenas maneras / habrá que decir / (con toda claridad) / que nuestro baile habrá de terminar / (alguien se tendrá que decidir). / De buenas maneras / habrá que decir / a riesgo de parecer sentimental / que te he sido fiel en lo fundamental / ¿Qué otra cosa más puedes pedir? / P: Con un deseo sólo, y por no aburrir / con esta voz cansada de no poder cantar / me da lo mismo que no quieras escuchar / pero yo si tengo cosas que decir. / De buenas maneras / te voy a exigir / aunque estoy segura de que no te va a gustar / que me busques siempre en aquel otro lugar / probablemente pueda asistir. / De buenas maneras te voy a pedir / (aunque comprendo la dificultad) / que te acuerdes de volverme a imaginar / probablemente pueda asistir.

V1: Solm Sib Do Re# / Solm Sib Do Re# / Dom Re# Solm / Sib Dom Re# Fa P: Rem Solm / Do7 Fa / Rem Solm / Do7 Fa / V2: Lam Do Re Fa / Rem Fa lam Do / Rem Fa Sol



5 comentarios:

Pepa González dijo...

Preciosa canción y elegante texto. Congratulations, Pep.

Marisa dijo...

Estoy llorando desde el primer párrafo de tu texto y dando cabezadas asintiendo. Logras y vas mucho más allá de lo que piensas con esta canción. Ya sabes que es mi preferida. Me costaba preguntarte por ella . No pude hasta Teruel y no quisiste contestarme, ¡tú, que eres tan educadito! No pudiste. Se intuía un asunto complicado. Cuando la escucho me siento inmersa en un barrizal pero victoriosa y sola. mi soledad (fuiste mi consuelo), mi fuerza interior. Hablaría sobre esto largamente contigo y conmigo pero apenas puedo hacer este comentario, lloro.
Una canción inmensa, abierta que yo ansiaba cerrar con tu contestación pero que sabemos que es imposible. Gracias Pepe.

josema dijo...

Joder, joder, joder.
Pepe..., por tu manera de expresar, describir, intuir, sentir, parece que has estado (parece no, creo que has estado) en ese lugar y con un montón de aistencias. Como alguien dice por aquí, también lloro y doy cabezadas asintiendo a la gran verdad de tu explicación.
Hay algo en lo que creo que estás absolutamente equivocado y es "Nunca he sido capaz de llegar más allá de esos cuatro acordes".
Yo personalmente creo que es el riff que mejor te sale y sin haberlo escuchado directamente de tus dedos, imagino la enorme sensibilidad con el que lo tocas.
Estoy seguro que tocaré este tema de otro modo aunque no podré núnca estar a la altura que merece.

Mabel dijo...

Alto voltaje emocional.. la canción merece el destripe que, tanto en este caso como en el del post anterior, es tambien vuestro destripe.. Pues...¡Viva la gente capaz de destriparse.. joder!

Malena Momia dijo...

Eso... que viva!!
Yo también lloro...gracias, Pepe!!
Siempre me ha encantado esta canción, me encanta cantarla, y ahora cobra un sentido especial para mi, que estoy segura se reflejará cada vez que vuelva a entonar sus versos para matizarlos, para adornarlos, junto a la voz principal que la entona, otra mujer, para que nos podamos fundir con todas esas mujeres a las que representa.
Pepe, gracias también por el enlace con el post de Alfonsina y el Mar.