domingo, 6 de febrero de 2011

GÉNESIS DE LA PARANOIA



Debo, conocer a Otto Kernberg, como tantas otras cosas, a Luis Valenciano. Incluso tuve la suerte de que me lo presentara y hablar con él unos minutos hace un par de años, cuando estuvo en Murcia invitado por Luis. Kernberg es psiquiatra y el psicoanalista más citado en la literatura mundial. Chileno de nacimiento, su carrera la ha desarrollado en Nueva York, donde ejerció, durante un largo periodo, de Director Médico de varias instituciones hospitalarias. Fruto de esa experiencia escribió “Ideología, conflicto y liderazgo en grupos y organizaciones” que fue un libro que me acompañó en los años en los que trabajé en la dirección médica del Hospital Morales Meseguer y que me ayudó a comprender y a analizar algunas de las dinámicas que se generaban en la institución y que, por desgracia, han tenido unas consecuencias lamentables. En la introducción cuenta Kernberg como, durante su época de gestor sanitario en distintas instituciones, observó de manera repetida “la parte oscura del trabajo productivo llevado a cabo por los grupos” y es de esa parte oscura y de cómo evitarla que reflexiona Kernberg en su ensayo.

Como en cualquier grupo, en el Hospital, existen líderes narcisistas. Gracias a una falta de convicciones profundas, según Kernberg, algunos de estos líderes consiguen el apoyo del grupo ofreciéndoles una ideología aceptable y trasmitiéndoles una (falsa) sensación de seguridad. Para el autor, la identificación del grupo con este tipo de (mal) líder reforzaría determinadas características patológicas y los transformaría en grupos inactivos, convencionales, ideológicamente simplistas, conformistas y autoindulgentes, sin culpa ni gratitud alguna, que adolecerían de un sentido de la responsabilidad personal o de una implicación profunda. Kernberg recoge la opinión de Arlow según la cual los grupos tienden a desarrollar mitos e ideologías organizadoras (como el socorrido “somos los mejores”) que son aprovechadas por estos líderes narcisistas para controlar al grupo a costa de reforzar en ellos las características regresivas enumeradas.

Un líder saludable o “racional”, como lo denomina Kernberg, tendría cinco características: a) inteligencia; b) honestidad personal; c) capacidad para establecer y mantener relaciones profundas; d) un narcisismo saludable y, e) una actitud paranoide saludable. Se explica:

“Un narcisismo saludable protege al líder de la dependencia exagerada de la aprobación de los otros y fortalece su capacidad para el funcionamiento autónomo; una actitud paranoide saludable le alerta de los peligros de la corrupción… y le protege de la ingenuidad que podría incapacitarle para analizar los aspectos motivacionales de los conflictos institucionales”

Por desgracia, el proceso selectivo y evaluativo de los “jefes” en nuestras organizaciones sanitarias es el que más veces se ha traicionado. Con notables excepciones, el proceso selectivo confirma a la persona previamente escogida por el grupo y, por tanto, obedece a intereses tribales y corporativos; nunca a los institucionales. El proceso evaluativo posterior, simplemente no existe. Como expresa Kernberg, “elegir líderes competentes es una tarea fundamental para todas las organizaciones”; una tarea que la sanidad pública ha pervertido y sigue pervirtiendo y esta falta básica está corrompiendo la dinámica de todo el sistema.

Describe Kernberg distintas estructuras patológicas de carácter y sus consecuencias en el desempeño del liderazgo (esquizoide=aislamiento; obsesivo=control) pero son la paranoide y la narcisista las más perniciosas para un líder y para la organización. La personalidad paranoide encaja de maravilla en las primeras etapas de la dinámica de grupo que Otto describe como de “lucha-escape”, cuando existe una vaga amenaza externa alrededor de la cual el grupo apoya al líder protector. Sin embargo esta dinámica, debido a la imposibilidad de que exista una posición intra-grupo totalmente compartida, acaba escindiendo a grupo y “la búsqueda del cuidado y la protección que caracterizan al grupo dependiente se reemplaza con conflictos por el control agresivo, la sospecha, la lucha y el temor a la aniquilación”

La personalidad de líder más perniciosa para el grupo es la narcisista, que, en sentido restringido, define como: “personas cuyas relaciones interpersonales están caracterizadas por una excesiva auto-referencia y auto-centramiento; cuya grandiosidad y sobrevaloración de sí mismas existe junto a sentimientos de inferioridad; quienes son hiper-dependientes de la admiración externa, emocionalmente superficiales, intensamente envidiosos, despreciativos y explotadores en sus relaciones con los demás”

La falta de capacidad para evaluarse a sí mismo y a los otros en profundidad, les convierte en personas incapaces de empatizar con los demás. Además, cuando no reciben las gratificaciones externas esperadas, o cuando sienten una frustración severa o fracaso, pueden desarrollar tendencias paranoides que exacerban sus propios rasgos narcisistas y el daño que pueden causar a la organización.
Creo que debemos, siguiendo con esta serie de “recetillas para época de crisis”, volver a valorizar los procedimientos de selección, elección y evaluación de sus líderes clínicos (también la de los líderes administrativos, por supuesto); volver a unir autoridad y responsabilidad. No hacerlo, supone una corrupción moral con consecuencias mucho más profundas de lo que imaginamos.

Elegir (bien) a los jefes, evaluar su desempeño y sustituirlos cuando éste no es adecuado, es la decisión organizativa pendiente más importante de todas las que hay pendientes en nuestro sufrido -unodelosmejoresdelmundo- sistema de salud
Abel Novoa

2 comentarios:

Pepe Momia dijo...

¿Líder? ¿Qué líder?
http://open.spotify.com/track/63bx57Tare04XnIDT4FL82

Mabel dijo...

¿Tan bueno es el Requiem de la Ajmatova?
http://postemas.blogspot.com/2011/02/anna-ajmatova-hace-cola.html