lunes, 25 de enero de 2010

Supermaño Survivor VIII: Supermaño Haijin


dedicado a BP, un maestro



El maestro Noh es paciente.


El maestro Noh sabe que, en la clase de escritura creativa, no todos los superhéroes necesitan el mismo trato.


Por ejemplo, el increíble Hulk tiende a ser demasiado autoreferencial y todos sus textos giran en torno a la sensación de no poder pasar desapercibido, hasta un punto, quizás, algo paranoide. Su poema preferido —lógico, piensa Noh— es el Romance Sonámbulo de Lorca. De la misma manera, el Hombre Menguante prácticamente solo se dedica al microrrelato. Y, si Noh lo dejara, al aforismo. En fin, demasiada literatura del Yo, nada inesperado. Pero Noh intenta, día tras día, que a sus alumnos la escritura les ayude a superar sus evidentes limitaciones como superhéroes, su estricta bidimensionalidad construida a base de superpoderes: Johnny Storm se pasa el día encendido, La Cosa enfrascada en una aparente solidez que le impide cualquier rasgo de humor, Daredevil compensando su ceguera con un exceso de tacto… La escritura puede ayudar. La literatura puede ser una terapia, también. Al fin y al cabo, esta no es una Academia al uso. Al menos , piensa, que sepan distinguir un alejandrino de un octosílabo o atrapar una exposición forzada o una cacofonía. Algo de cultura general para superhéroes, simplemente, tampoco está mal.


Noh echa de menos a Superman. Siempre fue un hombre equilibrado. Su trabajo/tapadera de periodista le iba como anillo de kryptonita al dedo. Era un magnífico escritor. La forma en la que trataba la información: redacción cuidadosa, adjetivos escasos pero cuidadosamente escogidos, los necesarios a fin de cuentas.


También en eso fue el mejor. Lástima.


Y ahora está ése, Supermaño, que dice que quiere escribir haikus. Si el tipo es un superhéroe extraño (en su categoría), casi border-line… ¿Para qué quiere ser poeta? ¿No es ya, suficientemente raro, tener el superpoder de la indiferencia, del desapego, la superinmovilidad, el super-zen? Además ¿qué pretende? ¿Ha leído a Matsuo Basho? ¿Y a Masaoka Shiki? ¿Octavio Paz, al menos? ¿Benedetti?


Noh se agotaba sólo de pensarlo. Día a día tendría que conseguir que Supermaño entendiera la diferencia, pero también la complementaridad y la depedencia entre el sonido y el sentido, la importancia del ritmo (y no sólo de los acentos), el uso de la metáfora ajustada, el uso de los silencios, la creación de una voz, la originalidad…


O sea tres versos de cinco, siete y cinco sílabas. Eso está tirao

Bueno, esta es la traducción occidental de las moras japonesas, aunque, en realidad, una mora es algo menor que una sílaba…

Ya, ya… y sin rima—interrumpió Supermaño—. ¡Más fácil todavía!

¿Ves? Ya te ha salido una asonancia. Sin querer —puntalizó Noh

¿Qué asonancia? —preguntó Supermaño con su superinquisitiva mirada compuesta de una sola e ininterrumpida ceja, casi como una sudadera negra y peluda.

“Rima” y “todavía”: asonancia, Supermaño, asonancia

Bueno, bueno, pero ya verá si me pongo, Maestro. No encontrará ni una de esas. Pues bueno soy yo con las asonancias…

Seguro. ¿Y el kigo? ¿Y la cesura? ¿Te atreverás también con un haiga?

¿Qué dice de la higa?

El haiga, Supermaño, el haiga: el dibujo que acompaña, en ocasiones, al Haiku

No, yo lo que se dice dibujar, concretamente, no.


Noh se dispuso a recitar Oku No Hosomichi, La Senda Hacia Las Tierras Hondas, el gran poema. Miró a los alumnos. Mister Fantástico hurgaba en su nariz como si fuera a encontrar el bosón de Higgs. Iron Man daba cabezadas (se había cargado el pupitre otra vez). El Joker le pasaba notitas a Wolverine. Noh respiró hondo, pensó en el poeta, en Matsúo Basho emprendiendo su viaje, abandonando su casa, cediéndola a otras personas poseído sólo por la necesidad de viajar, de contemplar la niebla sobre los valles de Oku, de atravesar el paso de Shirakawa. Noh recitó los versos que Matsúo Basho dejó en un papel, colgado de un pilar de su cabaña:


Otros ahora

en mi choza – Mañana

casa de muñecas.


—Tirao, eso está tirao —aseguró Supermaño mientras Wolverine se lamía los labios y a Joker se le quedaba la sonrisa aún más fija de lo habitual.


Noh volvió a respirar hondo. Tan hondo que apenas alguien más podía ya respirar en el aula. Nadie excepto Supermaño que agitadamente se cernía armado de un bolígrafo sobre el papel que iba a quedar para siempre manchado de pobres metáforas, asonancias y lugares comunes.


Superman, aquél si que era un tipo de una pieza.


—Ya está —dijo Supermaño

—Lea, lea, no se prive, a ver desde dónde partimos —le animó Noh, con más incredulidad que condescendencia.


Sólo un discípulo

Y un tema: el océano.

¿Hay un maestro?


Sí, a veces, hasta un mono podría escribir los Evangelios. Sólo por probabilidades. La ciencia lo asegura. Las combinaciones, al fin y al cabo, son finitas. Simplemente, un hallazgo. Además, el metro no es complicado…


Un maestro, dice el tipo. Un maestro.



3 comentarios:

Santo dijo...

Qué grande este post, y más con el gran Supermaño como protagonista... Y muy buenos tus haikus, por cierto :)

Pepe Momia dijo...

Gracias. Ya me pasé por tu blog en Nueva Tribuna. Ahí sí que hay nivel. Un abrazo.

libertad dijo...

Hombreee!! qué pedazo de post!! Super original. Me ha encantao.
Un besazo!
E.