lunes, 12 de octubre de 2009

MUERTE DE UN GIBELINO


Hace 2 días murió Diego Alarcón, nuestro, para siempre, profesor de inglés. Conocimos a Diego hace 4 años, cuando comenzó a enseñar inglés a nuestros niños, primero en casa de Josema y Marisa y después en la nuestra. Diego ya comenzaba a tener síntomas de la enfermedad que finalmente lo ha matado; al principio, los síntomas eran tan inespecíficos como molestos, comenzando su peregrinación por múltiples especialistas, de los que siempre nos hacía retratos cariñosos y divertidos que clavaban la esencia del personaje (sonrisitas, beatiful, forrestgump, etc), incapaces, como nosotros, de ponerle una etiqueta diagnóstica. Como profesor, primero de los nenes y luego también nuestro, solo puedo decir que nunca he asistido a clases tan deliciosas: adornaba su magnífico conocimiento del idioma (etimología, uso habitual, expresiones, pronunciación..) con un sentido del humor muy british, irónico, inteligente, culto y siempre educado y cariñoso. Nunca olvidaremos unas palabras suyas sobre uno de nuestros hijos en una etapa de dificultades en el colegio que a Rosa y a mí nos sirvieron de gran consuelo y que demostraban la enorme perspicacia de Diego, la gran facilidad con la que leía a las personas, las entendía. Yo creo que esa facilidad para poner motes, para trascender a las personas, seguramente venía de su gran pasión: el teatro.

Diego era un enamorado del Teatro. Fue director de teatro, trabajó como director de actores de doblaje y escribió obras de teatro (en el año 2004 le premiaron por "Cónclave") además de cuentos y novelas breves, la mayoría de ellas inéditas. Hace poco le pedimos ayuda para un proyecto de La Momia que Habla en el que cantamos versiones de temas de Bob Dylan traducidas al castellano que son presentadas por el mismísimo Bob a través de monólogos escritos por Pepe Momia e interpretados por Javier Balibrea. Le pedimos ayuda para que corrigiera los monólogos y nos hiciera sugerencias sobre la interpretación de Javier y la puesta en escena. Él, aunque ya estaba muy avanzada su enfermedad, nos acogió en su casa a Javier y a mí, y estuvimos trabajando varias horas. Asistir al encuentro de dos hombres del teatro, Javier y Diego, fue muy emocionante: cómo hablaban de las obras, de las compañías, de los autores, de los actores. Nos animó mucho, le encantaron los monólogos y la interpretación de Javier. Asistió con dificultades a la última representación de la obra en el Ítaca de Murcia en junio de este año. Sería la última vez que le veríamos.


Bueno, el me dejó uno de sus inéditos que acabo de releer para hacer este post. Se llama “El güelfo y el gibelino” y es un asombroso relato histórico, a través del ficticio epistolario que pudo existir entre el emperador del Sagrado Imperio Romano, Federico II - stupor mundi, descendiente de Carlomagno y rey de Sicilia, de Arlés y Jerusalén, de Italia y de Alemania- y el Papa Gregorio IX. La corte de Federico II (1196-1251) se caracterizó por su sofisticación, tolerancia y fomento de la cultura: Federico, como buen siciliano, fue capaz de hacer convivir lo árabe, lo griego y la cultura occidental. Fue un gibelino, grupo caracterizado por la defensa del poder político sobre el religioso, de lo humano sobre lo divino, por ello enemigo de los ambiciosos Papas que lideraban a los güelfos, defensores del poder papal absoluto.
En una de esas cartas, en la que presenta el grueso de la correspondencia con el Papa, enterrada con él y dirigida a quien saquease su tumba advierte Federico: “Haz buen uso de esta documentación, de manera que los hombres aprendan a librase del miedo a los clérigos y papas güelfos, y que los reyes aprendan a gobernar sin que ese montón de sotanas melifluas metan sus narices en asuntos que el cielo nunca les encomendó. No permita el mundo que los clérigos pongan sus manos en disputas que no les pertenecen. No permitáis que mi lucha haya sido en vano” Probablemente la historia de occidente, del mundo, hubiera sido otra si Federico no hubiera sido vencido, gracias a la traición del sucesor de Gregorio, Inocencio IV, gibelino convencido hasta su nombramiento como Papa.

La obra destila melancolía porque tanto Gregorio como Federico se están muriendo, como Diego cuando les hacía decir estas cosas. Escribe Gregorio: “Miro a un pozo sin fondo. Es inútil. Hay que llevar el pensamiento a otro sitio y alejarse de esa niebla espesa que es el olvido. Yo procuro olvidar lo que no recuerdo, es la única protección que me queda” Dice Federico: “Ya soy viejo. La visita de la muerte, aunque pase de largo y no te lleve con ella, te deja viejo para siempre. Hace dos meses tenía treinta años y estos sesenta días me han parecido más largos que una vida entera. Ahora tengo miedo. Por primera vez desde mis noches de niño solo en las tormentas de verano de Sicilia, he tenido miedo de todo: del mundo, de la vida, de la muerte. Creo que este pánico durará ya siempre. No reconozco mi cara cuando me miro al espejo, mis piernas parecen no haber caminado nunca y cualquier túnica que me traen me viene ridículamente grande. Soy un esqueleto imperial” Diego seguro que sintió miedo, sabía que se moría pero lo conjuraba con un sentido del humor que siempre nos descolocaba: “Voy a ser el muerto más sano del cementerio” nos decía cuando nos sentíamos incapaces de realizar un diagnóstico del rarísimo síndrome que le aquejaba. Seguía Diego en palabras de Federico: “No viviré dos siglos y medio. Tanto mejor ¿Para qué? He vivido casi el doble que Alejandro (Magno) y no he hecho ni la mitad: nada queda de su obra y nada quedará de la mía. Los imperios como los hombres acaban por derrumbarse y todo se convierte en polvo. Es el fin de una casa humilde y el de un palacio, el de un rico y el de un pobre. Es el tiempo, que a todos encanece, encalva, desdenta y apergamina: el dios al que más tememos. Tal vez el único al que tememos” En la obra Diego salva, claro, a Federico: lo salva como persona y lo salva como emperador. Es un homenaje a un Rey hedonista, profundamente mediterráneo (son estupendas sus descripciones de Sicilia, sus gentes y su carácter), rebelde ante los abusos de la iglesia y su hipocresía: “El día que me vaya no quiero hacerlo dejando una idea equivocada de mí. He respetado, admirado y apreciado por igual a moros y judíos; entre ellos han estado mis mejores amigos y también mis mejores médicos… De nuestros ejemplos vivirán las generaciones que han de venir, la oscuridad de vuestros miedos y supersticiones, de vuestra avaricia y de vuestros crímenes dejará paso a un mundo luminoso… Aún es pronto lo sé, pero veo acercarse poco a poco el tiempo en que el hombre se ocupará del hombre sin los miedos que nos ha tocado vivir a nosotros” La última nota es de su amigo Francisco de Asís: “Su majestad el emperador se quedó dormido ayer hacia el mediodía. Ya no ha vuelto a despertar”.


Descansé en paz, Diego Alarcón, el gibelino.


(la foto de La Momia que Habla con Javier Balibrea es de Joaquín Zamora; la primera y la última de Pepe Momia; las otras tomadas de internet)

9 comentarios:

Anónimo dijo...

!Me acabo de quedar de una pieza¡
No me lo esperaba.De lo poco que traté con el me queda un grato recuerdo en ....
A los que tratasteis mas con el,os acompaño en el pesar.

En el "proximo" Echo no dudeis que brindare por el.

Bali.

MAbel dijo...

Gracias Javier: estamos todos bastante afectados... Era muy especial. Tenía varias obras de teatro muy buenas. Te las pasaré por si alguna vez se puede montar alguna

Anónimo dijo...

Pues si,a mi tambien me ha jodido bastante,y no sabia que habia escrito obras de teatro.De hecho,llevo un rato intentando localizar la de "El conclave".Tengo muchisimas ganas de leer cosas suyas.

Bali

Travis dijo...

Bonito post, Mabel. Siento la pérdida, vuestro gibelino estará siempre entre las letras de vuestras canciones.

Pepe Aguilar dijo...

Lo conocí poco y, sobre todo, a través de vosotros. Se notaba un sincero cariño mutuo. Siento la pérdida.

Anónimo dijo...

Era el mejor.

Anónimo dijo...

gracias por comentar los buenos recuerdos que os ha dejado mi hijo
diego luis. su padre

MAbel dijo...

Gracias por el comentario. Nuestro más sentido pésame a su familia.

Anónimo dijo...

Yo, ya veis, me enteré ayer. Entre 1995 y 2004 estuve muy cerca de Diego. Salíamos juntos y teníamos largas conversaciones sobre Shakespeare -él lo llamaba "el calvo"-en el Zalacaín o en algún after hours canalla, entre copa y copa. Mi novia de entonces hizo de promotora para dos de su obras "Arañas" y "Tres viejas locas por la bebida"... Me enseñó muchas cosas y compartimos magníficos momentos, pero en los últimos años nos habíamos perdido la pista. Sabía que estaba enfermo, pero habíamos perdido la conexión y lo lamento muchísimo. Hoy sólo me queda alguna foto y mil recuerdos, su voz, su risa, sus tretas, su ironía.... Descanse en paz. Para mí acaba de morir y estoy muy, muy triste..... The rest is silence.