miércoles, 21 de octubre de 2009

Cosas (supuestamente) divertidas (II): Payasos


La peluca de color zanahoria, con los pelos tan tiesos como tras un diagnóstico de cáncer. Y el sombrerito verde a cuadros, perfectamente pequeño y ajustado a la sutura interparietal, peluca y epicráneo mediante. Con el rotulador dermográfico con el que otras veces marco las incisiones dibujo un perímetro periocular a un centímetro del relieve orbicular, delimitando un área que posteriormente relleno de pasta Lassar, blanca y densa; tras esperar unos minutos se convierte en una lámina nívea y elástica, sobre la que, otra vez con rotulador, dibujo una lágrima oscura, centrada bajo el párpado inferior. Con mercromina —es lo más adecuado, no tengan duda— tan roja como sangre arterial hiperoxigenada perfilo mis labios y dibujo una forma como de enorme hamburguesa triste que ocupa todo el espacio entre ambos pliegues nasogenianos, dejando libre el mentón. Oigo que, tras la puerta, la gente murmura inquieta, pendiente del comienzo del show. Algunos llevan meses esperando, puedo notar su ansiedad mientras termino de maquillarme frente al espejo. Así que me doy prisa y, finalmente, como si fuera la cereza en medio de la tarta, me coloco la nariz roja y redonda, el símbolo universal e inequívoco del Payaso. «Nasocentrismo de Clown», pienso. Referencia unívoca, denotación; sin ambigüedades. Un número clásico. Después, como cada día, me pongo la bata y ajusto la tarjeta de identificación para que no tape la enorme margarita de la solapa por la que puedo lanzar agua (que, a veces, tinto con azul de metileno) si las cosas se ponen difíciles. Ese viejo truco siempre resulta. Respiro hondo, aprieto el botón del intercomunicador y digo con la voz más adecuada que encuentro en mi laringe:


—Enfermera, que pase el primero.

6 comentarios:

Bill, el de la catana dijo...

El post crea en mí un poderoso efecto. Bien, Momia. Debajo de los grandes payasos clásicos, Charlie Rivel, Fofó... parece haber grandes melancólicos. Niños abandonados tratando de reparar, en vano, a madres dañadas s.a.
"Me da mal rollo oíros..." dice un gran tema de LMQH.
Los cínico-sanos tipo Milikito no "hacen" buen payaso. Puede que hagan en todo caso humorista. El hecho polvo de Faemino y Cansado haría buen payaso.
Estremecedor el post.

Pepe Momia dijo...

Me quedo con lo de Madres Dañadas SA para algún relato, más o menos cruel.

Susana dijo...

A mí también me parece un post de impacto, pero yo lo que veía después del punto final era un domador perverso y violento, fustigando a tres leones desdentados de cabeza gacha, la mujer barbuda de baja, los trapecistas trabajando a un metro del suelo, los equilibristas haciendo novillos y la media entrada de esa tarde abucheando un espectáculo aburrido y grotesco. Vaya circo...

Travis dijo...

Caray, Pepe!! Se me ha caido el café en el teclado...

Pepe Momia dijo...

Genial, Susana, genial. La verdad es que no se me había ocurrido la perspectiva del "maestro de ceremonias". Buenísimo.

MAbel dijo...

Ups.. Compañero momia estás que te sales.. Me ha encantado. Sin duda todos nos disfrazamos al pasar consulta (todos "estamos" disfrazados siempre) pero la imagen del payaso en "el ambulatorio" me parece estupenda, sobre todo cuando creo que al entrar el primer paciente éste diría: buenos días doctor, mire, ésto no mejora, sigo igual, etc, etc..