domingo, 8 de noviembre de 2009

EN EL INICIO FUE UN TRUENO.


Como un trueno.
 Así sacaba al billar Eddie Fast, Eddie el Rápido, encarnado por Paul Newman en El color del dinero, de Martin Scorsese. Es la segunda parte de El Buscavidas. Hay algo crepuscular, algo que deja boquiabierto en las películas que son segundas partes de primeras partes y que se ruedan cerca de veinte años después. Dos ejemplos estremecedores más son Texasville tras La última película, ambas de Peter Bogdanovich y El Desencanto-Después de tantos años, la primera de Jaime Chávarri, la segunda de Ricardo Franco. Pero no es de segundas partes de lo que quería hablaros. Perdón, es esta estúpida cabeza asociativa que me va llevando de un placer a otro.
Como un trueno. Sonaban las bolas al chocar. Salían todas disparadas. Era un "cloc" rotundo, técnico, viril. Lo que me trajo esto a la cabeza fue los inicios de las novelas. Novelas que amamos. Autores que nos acompañan. Pensaba en la obra de Easton Ellis. Comenzaba su ópera prima así. "A la gente le da miedo mezclarse en las autopistas de Los Angeles". Comenzaba su obra más polémica, estúpidamente polémica, es un sueño, inspirándose en el Infierno del Dante: "Abandonad toda esperanza al atravesarme, está escrito en rojo sangre en las paredes del Chemichal Bank".
¿Cómo nos influyen la primera frase de una novela, de un cuento, de un relato? La frase sobre la autopista es desasosegante, inquietante, uno se coloca de inmediato en un coche en medio de esas autopistas angustiosas, llenas de peligros, oscuras y de finales inciertos, probablemente equivocados y potencialmente letales.
La frase del Chemichal Bank nos seca la garganta. ¿Quién de nosotros no ha entrado a un banco a pedir un préstamo, con frecuencia hipotecario? Uno queda engullido, devorado, atrapado, en deuda por décadas. El Chemichal Bank es un edificio bonito que forma parte del skyline neoyorquino. Yo lo vi desde el puente de Brooklyn. Aterido. Claro que no tenía que atravesarlo y abandonar toda esperanza. En cualquier caso fueron frases iniciáticas, no sólo iniciales, que dispararon en mí multitud de emociones y pensamientos. Poniendo en marcha, como un trueno, como una bola de billar blanca, unas otras bolas de colores que mientras recorren mi cableado neuronal irrigan de libido mi ávido cerebro. Sé muy bien que hay una bola negra circulando y que acabará por encontrar agujero. Mientras tanto, disfruto del recorrido de las bolas franjeadas, mirando atónito hacia donde me llevan.

2 comentarios:

MAbel dijo...

Disfrutas tú y nos haces disfrutar a los demás Bill cuando nos regalas pistas y señalas destellos.. ya desde hace muchos años. Gracias compañero

Pepe Momia dijo...

Sí, jugártela, a otra partida, como en aquella de Bergman/Sydow se la jugaban al ajedrez. Y no perderse detalle: ni una buena frase, ni una buena novela, ni el sonido de las bolas del billar al deslizarse sobre el fieltro. Estar atento.