miércoles, 1 de octubre de 2008

ELLAS, BATERAS.


Pues sí, como de sobra conocen nuestros dos fans (ya mencionados en otro post), nuestro grupo tiene una sección rítmica femenina, lo que suena claramente franquista (por lo de sección femenina), pero musicalmente definitivo, porque (tesis de este post), defendemos el hecho incuestionable de que hay una forma femenina para el ritmo y esa forma es mejor (hipótesis nula: todos los bateristas, percusionistas y bajistas, tíos y tías son igual de animales).

Pero el post de hoy es, particularmente, vayamos por partes, sobre una de las tres hermosas ritmosas: sobre la baterista, Lou Momia (trad: Low Mummy, la momia de abajo).

Obviamente no es fácil ser mujer y baterista, porque seguramnente no es fácil, en esencia, ser ninguna de las dos cosas. Pero, a lo que vamos, entremos al trapo y seamos francos: siempre se ha tenido a este instrumento como el típico de hombres suficientemente trastornados para que les guste dar continuamente golpes a un montón de cosas más o menos circulares con nombres tan chocantes como tom-tom, goliat, crash, ride, hi-hat (vaya cosa, hi-hat) o splash (plato que suena, en cambio, claramente, al golpearlo, “ssfflashhhhgg”, para nada “splash”). El paradigma de baterista, el batería con el que todos los de nuestra edad y algunos más jóvenes supimos qué era un baterista, fue “El Animal”, de los teleñecos (los muppets para los anglófilos): ese tipo peludo y anaranjado, aunque, a veces, con alma sensible. Pero claro, ya empezamos a encontrar similitudes: nuestra baterista goza de admirable melena al viento y alma ciertamente sensible (de hecho, a veces le decimos que toque más fuerte ¿quién imagina decirle eso a un baterista?).

Pero no es la primera, no. Lou Momia no puede atribuirse ser la baquetera primigenia, primordial. Antes que ella, el pop-rock goza de admirables ejemplos de bateristas-mujeres (en adelante simplemente “bateras”). Quizá pocos recuerden a Karen A. Carpenter (la chica de los Carpenters, sí) como batera, quizá sólo se recuerde su voz, pero fue nombrada mejor baterista del año 75, eso sí, por la Playboy Magazin (tiempos, no como los de ahora, de sexistas ignorantes). Otra famosa y mítica batera fue Moe Tucker (pronúnciase “Mou”, casi “Lou”) de la Velvet Underground, aunque ella declaró que “quizá fueran todos tan drogados que ni siquiera se dieron cuenta de que había una mujer tocando la batería”. No es nuestro caso. Capítulo aparte merece Cindy Blackman, quizá la mejor batera actual, que, aunque más ligada al jazz, ha hecho giras con Lenny Kravitz, lo que la ha hecho más conocida a pesar de tener varios álbumes publicados bajo su propio nombre y un prestigio musical de acero inoxidable. Al parecer Blackman también tocó con James Brown, que le escribió una dedicatoria ¿ambiguamente? machista en el timbal: “Para la Rey de la Batería: eres demasiado imponente para que te llame Reina”). Pero ya sabéis cómo se las gastaba James.

Otras bateras que seguro suenan más (en el sentido metafórico) son Meg White (de los White Stripes, la esposa de Jack White, el otro de la banda), Kate Schellenback, de los Beastie Boys, al poco reemplazada por una máquina y fundadora de su propio grupo de todo-chicas llamado Luscious Jackson, o Georgia Hubley del estupendo “Yo La Tengo”. Muchos (hombres, principalmente) sólo recuerdan a Sheila-E, la que tocaba con Prince en el video y en el tour de “Sing o’ the times”, aunque esta, queridos, lo siento, era percusionista (ya se hablará en otro post de esta subespecie rítmica).

Pero bueno, como podéis suponer, toda esta erudición baterística es, principalmente, de corta y pega, y la podéis encontrar, ampliada, en este link.

De hecho, cuando me puse a escribir esto, no me fue fácil encontrar información sobre bateras. Desde luego no en español y, aunque seguro hay muchos grupos de pop-rock español con bateras, apenas pude encontrar algún comentario aislado en chats de bateristas chiflados y ningún repertorio o listado que facilitara la labor (se agradecerá algún comentario al post de algún erudito en este sentido). Y esto es, de alguna forma, sorprendente, sobre todo si pensamos que el ritmo, en el principio y en principio, es femenino. Y aquí viene la defensa de la tesis. Al menos, así les explica la esencia del ritmo Carlinhos Brown a los niños de la favela en la estupenda “El milagro de Candeal” de Trueba. Carlinhos les dice algo así como que “el ritmo viene de la madre”, porque es el ritmo del corazón de nuestra madre el primer ritmo que todos oímos del otro lado de nuestra piel, traspasando el Océano Amniótico. Y ése es el ritmo primordial. Pero la cosa no queda ahí, en lo freudiano-browniano. Hay más bibliografía: “When the women were drummers”. Cuenta Redmond, en este libro, aunque parece que la cosa va más de New Age y de esas sutilezas espirituales que de pop-rock y chicas audaces, que en los rituales sagrados de los pueblos antiguos, el ritmo, el tambor ancestral era cosa de chicas, de diosas, de ellas.

O sea, que, en resumen, Lou, si estas ahí, eres fruto de una larga tradición de mitos, de diosas, de la estirpe de bateras de grandes grupos (como la Velvet y el nuestro, sin ir más lejos), pilar fundamental de nuestro equilibrio psicoanalítico y sólo, insisto, sólo levemente parecida al Animal.

Lou Hi-hat Momia. Soon next release, live show.

2 comentarios:

Joseda Sin Cara dijo...

¡Eh, que se os ha olvidado mencionar a la de los Corrs! ¡Qué despiste, joven!

la momia que habla dijo...

Gracias, y seguro que hemos olvidado/ignorado un buen número...también hay un grupo español que se llama She (todo she-cas). Intentaremos hacer catálogo para que Lou no se sienta sola.